Martes 30 Mayo 2017

Opinión. La salud, uno de los mejores y más corruptos negocios de lo público

Por Joseph Roenes Galvis

La alarmante denuncia presentada por el alcalde de Magangué sobre la aparición de unos 4.500 muertos en la base de datos de las EPS, tras una auditoría realizada, es una muestra fehaciente de la enfermedad que golpea al sistema de salud a nivel nacional, la corrupción.

Es el factor que determina el desangre, la ineficiencia y lo caótico que es el sistema, hecho precisamente para eso, para que existan unos peajes en la tramitología de los recursos con que se mueve el aparato.

Lo sabemos todos, quizás uno de los mejores negocios en lo público es la salud, por eso allegados políticos siempre buscan parte de esa torta, sea a través de IPS, farmacias, tercerización, u otros, pero eso no es lo malo, lo dantesco es que los márgenes del negocio, lo conviertan en el mejor ejemplo del capitalismo salvaje y lo llevan a rangos inimaginables de corrupción y robo que terminan atentando contra la salud de sus conejillos de india. El problema no es el negocio, del que hay buenos ejemplos de cómo hacer las cosas bien, es la desenfrenada corrupción que montan con el negocio.

Esta cifra entregada por la alcaldía de Magangué representaría anualmente un detrimento o defraudación al erario público de 3.150 millones de pesos, solamente facturando este número de fallecidos, fuera de los demás cuñas puestas al sistema, como son la droguería no entregada, los procedimientos no realizados, los costos exorbitantes de los mismos, la atención, transportes, hospitalización relacionados pero no realizados, pero ¿cómo es posible esto si la norma habla de la obligatoriedad de las auditorias?, otro negocio más.

Ciertamente no hay chorro que aguante, pero mientras administradores, gerentes, directores de IPS se quejan porque las EPS no pagan oportunamente, y estos porque el gobierno le pone trabas a las transferencias, la consecuencia del ineficaz sistema lo acusan solo la tención a los usuarios, porque los dueños de las entidades prestadores de salud viven a sus anchas, con las pleitesías y reconocimientos, y con la altanería de ser renombrados como doctores.

Recién habíamos conocido del ficticio negocio de los enfermes mentales, ¡por fin unos capturados!, pero como dijo un tendero, “ya veremos por cuanto tiempo, hasta que se les de casa por cárcel, y ninguno devuelve un solo peso al Estado”, y tiene toda la razón porque también se le perdió el miedo a realizar estos actos de corrupción, en un aparato endémico y corroído, terminan nuevamente siendo contratados por otros que vienen detrás para participar en la torta.

En Magangué, eso no es ningún misterio, hace años se negocia en los escritorios, desde la filiación hasta los costos de una intervención, muchos de los notables y acaudalados han tenido participación de estos negocios, eso no está mal, pero han dejado proliferar la podredumbre que encierra la corrupción de la salud, extendida en todo el territorio nacional, y el que sufre es el ciudadano que se tiene aún que levantar en las madrugadas para coger un ficho para al atención.

Aplaudimos la actitud del alcalde Pedro Ali, pero eso tiene que tener una resonancia tan fuerte como la de los enfermes mentales, así sea para generar la nota mediática de conocer algunos nombres responsables, esperamos una actitud ahora igual a de la IAS, como también señalar responsabilidades de funcionarios públicos que hicieron la de Shakira, “ciego, sordo y mudo”, una omisión conocida, muy seguramente nacida en la participación del cáncer que azota la salud en Colombia.

  

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