Sábado 22 Julio 2017

Opinión Joseph Roenes Galvis. Y si nos reinventamos como proyecto de ciudad

Por Joseph Roenes Galvis

Dejo a un lado de este escrito cualquier posición política u otra ideología, una advertencia para los cientos de lectores que precisan alimentar sus emociones y enfilar sus armas contra sus adversarios como una forma de explicar el presente.

Pero también una advertencia para los otros cientos de personas que querrán leer textos proactivos para pescar en rio revuelto, no cerrando el voraz apetito que tienen los cabecillas de la ineficiencia y la corrupción que azotan a los pueblos, buscando una fórmula de expiación o de olvido colectivo.

Para entender lo que quiero explicar es preciso concebir que el municipio de Magangué perdió hace años su norte, y no lo perdió por azar del destino, lo perdió porque su dirigencia priorizó la política como el juego macabro de manejar presupuestos locales para el interés de unos pocos, un apego diario donde se les olvidó levantar la cabeza y mirar más allá de sus bolsillos.

Pero también Magangué perdió su visión porque su gente no entendió que había que prepararse para asumir los retos que deparaba el futuro, porque los que podían lideran fueron absorbidos por la aplanadora del conformismo, la ineficiencia, la corrupción, y el diario vivir, que crecía como fruto del dinero bañado en sangre y el poder de la politiquería.

El ver una ciudad donde hay fango, el mirar una oportunidad donde reina el caos, el armar un proyecto donde están las necesidades, es lo que hace despertar a los líderes, capaces de ponerse al frente y reconocer donde están las manos que pueden apoyarlo, nunca lo tuvimos o se nos olvidó que así funcionan también los grandes procesos en las ciudades, pero lo más terrible es que no los veo ahora.

Magangué tiene una grave enfermedad social y no precisamente es la pobreza económica, para nada, pero si la pobreza mental de no entender que es posible construir ciudad y región a partir de un liderazgo social y bajo la concepción de metas claras, eso no se ha visto ni desde lo público o privado, mucho menos lo ha aportado la política.

Esa vorágine política sepultó en un momento de la historia la visión de la gran ciudad que pudimos haber sido hoy, porque además no fuimos capaces de reinventaros cuando el rio Magdalena perdió su valor o cuando el caos ciudadano se apoderaba tras la ola de damnificados, victimas y rebuscadores que llegaron a la ciudad.

Pero la vida sigue y el sol aún alumbra, esa sumatoria de errores que debemos tener presente para no volver a cometerlos, es hoy una obligación y de responsabilidad moral superarlos, y es posible, cuesta creer, pero estamos convencidos que es posible, además entendiendo que los enemigos de Magangué los tenemos aquí mismo, son ellos los que no pueden entender que hay que reinventarnos con todos los que quieran ver una ciudad totalmente diferente a lo que es hoy. Con todos y todas, una reinvención que exige mucha creatividad y de unas acciones transformadoras y distintas, generar un gran proceso como si fuera un gran pacto social para arrancar de nuevo, hay que poner un punto aparte , pero eso exige el reto de tener los grandes visionarios.

Magangué tiene una gran oportunidad, no nos cansaremos de decirlo, la dinámica del mercado, geográfico y político de Colombia vuelve a darle significado a esa oportunidad, el problema no está en el exterior de los límites de esta ciudad, lo tenemos en nuestras mentes incapaces de producir un gran proyecto transformador desde lo social y político, y como dice el astuto 'ahora es cuando'.

Urge que Magangué se reinvente y deje a un lado toda esa historia de conflictos y de querer desparramar lo que nunca ha sabido o insistir en pensamientos mediocres y egoístas.

El contexto de lo que hoy se está viviendo en la región debe pellizcar para saber que si no planteamos algo diferente seremos muy pronto la cola y no la cabeza de lo que en otrora debimos ser y más que nunca hoy se reclama.

 

viaradio

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