Sábado 27 Mayo 2017

Por Joseph Roenes Galvis. Una problemática que no vemos con nuestros jóvenes

Para hablar de una posible generación perdida de jóvenes siempre se ha dado la tendencia de señalarlos y hacer el mínimo esfuerzo para comprender que es lo que está pasando con ellos, la salida única para muchos es cuestionamos pero no reaccionamos ante una situación que está siendo metástasis en esta población, deambula silenciosamente en la sociedad y solo se deje ver cuando estalla en escándalo, intolerancia, violencia y hasta en degeneración.

No solo son los llamados jóvenes en alto riesgo los que han tomado el camino de la droga, la violencia y el sexo como expresión, es una constante que parece se repitiera en otros escenarios sociales, sin ningún tipo de intervención ni estatal, ni institucional como tampoco familiar.

Lo decimos al ver que existen una serie de escenarios donde nuestros jóvenes están expresando un fuerte resentimiento a las cadenas de valores que tanto queremos pregonar.

Por estos días más de 200 jóvenes se reunieron para presenciar tres peleas de jovencitas citadas por redes sociales, una de esas en el parque Camajon del barrio la Florida, la policía tuvo que intervenir hasta con persecución. Las protagonistas son jóvenes menores de edad, a su alrededor otros jóvenes agitadores en su gran mayoría menores de edad, cuando uno se acerca a hablar con ellos, comprende inmediatamente que hay de por medio un drama social inocultable.

En las mismas redes sociales, sobre todo el caso de Facebook, se están creando grupos de jóvenes con el uso indiscriminado de un lenguaje vulgar y un profundo contenido sexual casi pornográfico, donde también se citan, pero esta vez para un baile a escondidas o pactar encuentros casuales o para pelear, son cientos de jóvenes participando de estos sitios.

Por otro lado vemos como las fiestas de la Virgen de la Candelaria el gran ausente precisamente son los jóvenes, cuando en otrora la tradición los incluía, así fuera para estar alrededor de la Catedral o para encontrar un momento y estar con la pareja. Eso no se ve, porque los escenarios de encuentros están por doquier de forma peligrosa, de paso pierden la intencionalidad de conocer por reflejo una tradición popular, que se relega a un segundo plano.

Estos dos entornos dejan ver que los jóvenes cada vez se relacionan más con las situaciones que los están llevando a un mundo de prostitución, vulgarismo y de violencia, hay elementos que nutren estos escenarios como es el caso de la música o de la paranoia de la televisión por mostrar el dinero fácil, esto está en el aire que respiran, y no encuentran otros escenarios que puedan posibilitar un contenido diferente, más ligado a la propia creatividad y expresión juvenil de la edad, entonces la pregunta salta ¿y la familia?, se pueden tener hijos pero qué difícil es ser un buen padre.

De todas formas, hay que hacer algo, un algo que debe partir de la búsqueda de alternativas de escenarios para la expresión juvenil, el quedarnos en buscar responsables no es una condición para saber que también podemos proponer una mayor responsabilidad social frente a los que les entregamos a ellos.

Preguntamos, ¿qué ha pasado con espacios de formación cultural, artística, folclórica o de competencias ciudadanas?, lo que vemos es que se acabaron los grandes escenarios o festivales donde ellos eran los protagonistas, pareciera que ahora se atiende a esta población como un instrumento de obligación de un pensum o de actividades sin ambición de proyección social, o porque hay un contrato de prestación de servicios que no tiene mayor intención que ser eso.

Los jóvenes necesitan seriamente una política pública que contenga los elementos que los rodea, su ambiente, su expresión, su visión, no se hace con una persona o una corbata, es identificar, planear y coordinar muchos sectores que hoy están casi apagados para ellos, como son la educación, deporte, cultura, artística, social, emprendimiento, familiar, para trabajar con ellos hay mucho que decir pero más todavía…que hacer

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