Martes 25 Abril 2017

‘El periodismo está en crisis solo cuando se practica mal, como lo hacen algunos medios’

Esta periodista y su equipo descubrieron los delitos por los que fueron sentenciados a prisión dos expresidentes costarricenses. Giannina Segnini, periodista de investigación, ahora directora del máster en periodismo de datos de la Universidad de Columbia, habla sobre cómo los corruptos profesionales encuentran las vías para delinquir dentro de la ley, sobre los medios de comunicación y su crisis de supervivencia, y el volátil desinterés de la sociedad por saber lo que le sucede.

Por Daniel Villatoro García – Fotografía de Simone Dalmasso / Plaza Pública de Guatemala.

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Cuando Giannina Segnini tiene crisis profesionales se pregunta qué otra cosa podría hacer. “¿Por qué diablos hago lo que hago? A veces he pensado que si no fuera periodista sería fiscal“, dice. La posibilidad de hacer un allanamiento, tener acceso a pruebas y conseguir información en las instituciones del Estado la tientan, le dan celos, pero es atracción fugaz: “Inmediatamente me recuerdo que es absurdo”, se responde.

Es pionera en la utilización de herramientas tecnológicas y bases de datos para descubrir relaciones entre hechos y personajes que buscaban estar escondidos; con el cruce de datos reveló el abuso de poder y las mafias en su país, Costa Rica. Por eso, en 2013, le dieron el Premio a la Excelencia Periodística de la Fundación Gabriel García Márquez, que se sumó al María Moors Cabot (2014), el Ortega y Gasset (2005) y el de la investigación del año en Latinoamérica, otorgado por Transparencia Internacional y el Instituto Prensa y Sociedad (2005, 2006 y 2009).

Su afilado instinto y el trabajo acucioso para destapar casos de corrupción en Costa Rica, la llevó a trabajar en iniciativas transnacionales como los OffShoreLeaks (2013), un proyecto que develaba el uso sistémico de los paraísos fiscales para transacciones secretas y evasión de impuestos. Este proyecto sería la base para que en 2016 se hicieran públicos los PanamaPapers, una base de datos masiva que contiene los datos de 214 mil entidades en este paraíso fiscal.

En su visita a Guatemala para capacitar a periodistas de varios medios en un taller organizado por Counterpart y USAID, Segnini explicó cómo su visión de la corrupción la lleva a ver más allá de los límites de lo que es un delito.

¿Por qué es importante develar casos como los PanamaPapers?

Esta investigación muestra que cientos de miles de compañías operan en paraísos fiscales, y aunque estén legalmente registradas, se utilizan para evadir impuestos o esconder acciones criminales. Se consideraba que las compañías offshore y sus negocios nunca iban a ser investigados por las autoridades de justicia porque es algo legal.

Uno de los impactos del periodismo es que exponen casos de corrupción. ¿Qué implica revelar fenómenos que, en ocasiones, los aparatos de justicia no ven o no quieren ver?

Yo, como periodista, revelo hechos. No puedo quejarme mucho porque en mi país eso generó más de 50 causas judiciales. Pero en otros países, uno puede publicar y probar delitos y aun así no pasa nada. O cuando pasa, quitan a un funcionario y ponen a otro peor. La ventaja de los periodistas ante los fiscales es que nosotros no investigamos delitos, sino hechos de interés público. El mejor ejemplo de cómo el periodismo aporta con la revelación de problemas que otros no ven son los PanamaPapers, porque las transacciones en paraísos fiscales son legales. ¿Allí quién iba a investigar? Ninguna autoridad porque todo está dentro de la ley. Era un trabajo netamente periodístico porque nadie más lo iba a hacer. Los periodistas entramos a sitios en donde ellos no pueden entrar. Los auditores o los fiscales van a ver que se cumplan una serie de requisitos legales y ahora: ¿Qué hacen los corruptos? Pues corrupción transparente. La corrupción ya no es tan bruta como antes.

¿A qué se refiere con corrupción transparente?

La corrupción antes era como un caso que encontré en Timor Oriental. Descarada. El Ministro de Salud firmaba una adjudicación de compra de medicinas a una corporación en la que firmaba como director. Él mismo firmó el contrato, sin cuidarse de las apariencias, porque allí no hay una tradición de investigación, no existe esa cultura. Acá en Guatemala en cambio, con todo lo que ha pasado en los últimos años, para esconder la corrupción se hacen triangulaciones, se cuidan usando fideicomisos y sociedades, testaferros y prestanombres. Los corruptos viven innovando. Delinquen legalmente. ¿Para qué andar por la vida con miedo a que los arresten? Pasan leyes que confirmen su accionar, como ocurrió en el caso Caja-Fischel (por el que arrestaron al expresidente Rafael Calderón) que pasaron una ley para favorecer las compras a una sola empresa. Corrupción no se veía en ese expediente, porque pasaron una ley para legalizarlo. ¿La corrupción transparente quién la investiga?

Los fiscales, ¿no?

Entonces, ¿ve que sí somos importantes los periodistas? O bueno, eso es lo que yo me digo para creerme el cuento.

Los medios son un poder. ¿Cree que son hipócritas al no asumirse y fiscalizarse a sí mismos? ¿Al no democratizar su poder?

Me encanta hablar mal de los medios y he pensado mucho sobre esto. Los dueños de los medios de comunicación tenían dos intereses primordiales. Uno, la plata. Y el otro, poder e influencia. Trabajé 20 años en el medio dominante de Costa Rica, La Nación. Ellos publicaban un editorial y cambiaban las riendas del país. De verdad tenían influencia y los líderes los consideraban para tomar sus decisiones. Ahora, ya nadie lee un editorial. Ahora que no es tan rentable el negocio, la mayoría de dueños de medios buscan otros mercados, abandonan el barco. Parece que la camiseta del periodismo nunca la tuvieron puesta. Era solo un negocio más. ¿Y a los periodistas qué nos queda? Defender la camiseta del periodismo. Porque al periodismo nada le está pasando. El periodismo no está en crisis. Hay que hacer la separación de lo que está en crisis: es la industria de los medios. El periodismo está en crisis solo cuando se practica mal, como lo hacen algunos medios.

Cuando dejó de trabajar en La Nación mencionó que los espacios para hacer periodismo independiente se iban reduciendo y limitando. Hace poco en Guatemala, Juan Luis Font dejó la revista Contrapoder, la cual dirigía, por una diferencia de criterio con los otros accionistas sobre la cobertura del caso judicial del principal socio de la revista, el exministro Érick Archila. Si los medios trastocan al poder y son también parte del poder, ¿dónde va a parar el periodismo? ¿Cuál es su salida? ¿Qué tan independiente se puede ser como periodista?

Es un criterio personal. Yo no puedo repartir cátedra. Estuve en un mismo medio por 20 años, no me fui cuando se presentó el primer problema sino cuando lo vi como algo sistémico, aunque nunca me censuraron nada. Pude investigar al principal accionista —casi que a todos— y al gerente del periódico en el que trabajaba. Cada vez, cuando terminaba la nota y regresaba a mi casa sentía que ya me despedirían, lo daba por sentado. Uno cuando entra a este negocio tiene que asumir que le van a disparar, que lo van a despedir, que le van a escupir —como me pasó una vez en una fiesta en la que el hijo de uno de los implicados en un caso que develamos y que paró en la cárcel se levantó y me escupió enfrente de todos—. Yo explico: esto no es personal, es mi trabajo. Pero para ellos sí es personal, porque piensan que uno les destruye la vida. Eso es parte del paquete. Quien crea que el periodismo de investigación es glamoroso, nada. El paquete incluye riesgos legales, físicos, mentales —porque uno termina un poco loquito—, riesgos de divorcio altísimos. La ecuación personal es bastante riesgosa en todos los sentidos. Y creo que hacemos lo que hacemos solo por convicción.

Si el periodismo es importante para la democracia, ¿cómo debe cuidarlo la sociedad?

Dónde está la iniciativa es importante. Para mí la iniciativa tiene que estar en el lector. Los ciudadanos ya tienen que saber que el periodismo necesita plata. Los ciudadanos tienen que darse cuenta de cómo las noticias falsas afectan su vida diaria. Darse cuenta que la información verdadera y precisa es una mercancía más por la que hay que pagar, y que si uno tiene un presupuesto para la ropa, tiene que tener un presupuesto para informarse. Eso es lo que tiene que pasar. Me parece muy importante que haya fundaciones que apoyen económicamente al periodismo porque si no lo hicieran en algunos países no habría periodismo de calidad. Pero filosóficamente tengo un problema con esto. No me parece el estado ideal porque ¿a quién le quiere quedar bien el medio que depende de una fundación? Al donante. ¿Acaso que tienen un incentivo para que haya mayor impacto, para que lo lea todo el mundo?

Sobre el lector: ¿Cuál es el problema entre los periodistas y la audiencia? ¿Por qué a la sociedad le deja de interesar lo que el periodismo le cuenta? ¿O es que los periodistas hacen mal su trabajo?

Ese es mi tema favorito para reflexionar, es fascinante. ¿De quién es la culpa? Hay gente que dice que no, que la gente está cada vez más bruta. Y además hay periodistas que dicen que no, que eso no tiene nada que ver con ellos. Yo digo todo lo contrario. Creo que somos nosotros, hago un mea culpa al cien por ciento. ¿Por qué no nos leen? Porque somos aburridísimos. Si hacemos una investigación medianamente buena, está malísimamente contada. Ni siquiera es contar un cuento, parece un acta notarial aquello. Ves ejemplos como el programa de John Oliver, comedia fina e investigación. Yo verifiqué la franqueza de lo que dice y entre chiste y chiste, dice la verdad. No es sólo divertido, es riguroso. Tiene un equipo de investigadores que está trabajando toda la semana para gastar eso en cinco minutos de chistes. ¿Pero cómo pensamos nosotros? Como pasé tanto tiempo investigando, la gente va a tener que sufrir 27 páginas que demuestren que yo trabajé mucho.

* * *

Segini recuerda: Estaba en el aeropuerto, hacía fila. Alguien la llamaba, pero no era una operadora sino un señor que esperaba en la línea contigua. Era el jefe del departamento de inteligencia y negocios del grupo Nación, en donde ella trabajaba. El encargado de velar por los intereses económicos de una corporación grande.

—¿Cuándo vuelve a salir con otra investigación de esas?

—¿Por qué?

—Para ver si salimos de pobres.

—¿De qué me está hablando?

—¿No te ha contado el director?

Se acerca a ella y le enseña un gráfico que mostraba que los días en que la unidad de investigación publicaba, vendían más periódicos. Tantos que una vez tuvieron que volver a imprimir. “Los periodistas no nos enteramos de estas cosas y los medios no nos las quieren decir”, recuerda Segnini. “Cuando regresé de mi viaje me le planté al director y le dije que por qué no contaba que, encima de todo, la empresa había tenido ganancias”.

Se dice que el periodismo está en decadencia, pero usted sostiene que es el mejor momento para ser periodista.

Obstáculos en contra del ejercicio del periodismo siempre han existido y hubo peores en el pasado. Pero hay dos razones que confirman lo que digo: Tenemos acceso a tecnología gratuita que nos permite hacer cosas que antes no podíamos hacer. Y ahora podemos llegar a fuentes de información que eran inaccesibles.

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