Miércoles 26 Abril 2017

Ensayo por Josué Guerrero Salas. Sobre la despenalización completa del aborto en Colombia

Sobre la despenalización completa del aborto en Colombia

Por Josué Guerrero Salas

En Colombia, a partir del año 2006 por la sentencia C-355 la Corte Constitucional despenalizó el aborto en tres escenarios citados a continuación: embarazo que ponga en riesgo la salud mental y física de la madre, malformaciones congénitas del feto no compatibles con la vida y embarazos producto de relaciones sexuales no consentidas como el asalto sexual o inseminación sin consentimiento1. A pesar de lo anterior, en Colombia y en general en todos los países en vía de desarrollo, la práctica de abortos clandestinos e inseguros, sigue siendo una práctica muy común2,3. En el siguiente ensayo, quiero argumentar las razones por las cuales en Colombia el aborto debería ser despenalizado por completo, para que de esta manera, se logre que esta práctica sea legalmente aceptada en cualquier escenario posible, sin trabas, ni prejuicios sociales.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define aborto inseguro como un procedimiento para terminar el embarazo que es realizado ya sea por personas que carecen de las habilidades necesarias o en condiciones carentes de los estándares médicos mínimos o ambas cosas4. Una vez definido esto, comencemos desde el principio. El aborto tiene una mayor tasa en países en vía de desarrollo (29 por cada 1000 mujeres) con respecto a los países desarrollados (24 por cada 1000 mujeres)5. Además, en los países en vía de desarrollo, el aborto inseguro comprende el 56% de los abortos, por el contrario, en los países desarrollados el aborto inseguro llega a ser solo hasta el 6%5. Lo anterior quiere decir, que de cada dos abortos que se practican en el tercer mundo, uno es inseguro, el cual además de comprometer la vida de la madre, implica mayores gastos por el aumento de la tasa de infección pélvica, aborto incompleto, perforación uterina y sepsis que terminarán de una manera u otra siendo tratadas por el sistema de salud del estado6. Una vez aclarado esto, se debe hablar sobre la epidemiología del aborto con respecto a las leyes restrictivas o no, de los distintos países del mundo. Las altamente restrictivas leyes de aborto no están asociadas con tasas de aborto más bajas, de hecho, todo lo contrario. Por ejemplo, en regiones donde el aborto es ilegal en la mayoría de las circunstancias, como África y América Latina, las tasas de aborto son de 29 y 32 por cada 1000 mujeres en edad reproductiva, respectivamente7. Por el contrario, en Europa Occidental, donde la gran mayoría de países cuentan con leyes que permiten el aborto bajo amplias causales, la tasa de aborto es de 12 por cada 1000 mujeres en edad reproductiva8.

Hasta este punto, queda claro que la evidencia científica demuestra que la restricción del aborto ni siquiera logra su principal propósito moral de disminuir la tasa de aborto en un país, y además, ha demostrado que implica que la cantidad de abortos inseguros sea mayor en aquellos países donde el aborto está penalizado. Ahora, es preciso dar a conocer que países latinoamericanos como Chile, Surinam, Nicaragua, República Dominicana, Honduras y El Salvador el aborto está totalmente criminalizado9. En otros países es legal solamente si se realiza antes de la semana 12-14 de gestación como en México, Cuba y Puerto Rico. En el resto de países latinoamericanos, el aborto está despenalizado en las mismas condiciones establecidas por la Corte Constitucional para Colombia en 2006, citadas anteriormente10.

Dados los datos sobre el perfil epidemiológico del aborto en el mundo, es necesario hablar ahora sobre las razones por las cuales sigue siendo penalizado tanto legal como socialmente este tema en Colombia. Regidos por la Constitución Política de Colombia que nos hace un estado laico, aún en nuestro país existe la afirmación moralmente aceptable que el aborto implica un acto totalmente contrario a la vida, y que por ser este el derecho más fundamental de todos, debería prevalecer. A pesar de esto, la evidencia una vez más, se opone. En Estado Unidos, los abortos legales inducidos resultan en una tasa de mortalidad de 0,6 muertes por cada 100.000 procedimientos. Por el contrario, la tasa de mortalidad a nivel mundial por aborto inseguro es de 220 por cada 100.000 abortos siendo en África subsahariana una tasa de mortalidad de 460 por cada 100.000 abortos11. Lo anterior implica entonces, que las mujeres en promedio se mueren 300 veces más con respecto a Estados Unidos en donde el aborto es largamente aceptado en amplias situaciones12. Esto implica una contradicción absoluta hacia el rechazo del aborto como método para promover la vida. Además, no se está teniendo en cuenta que el tratamiento de las complicaciones médicas provocadas por la práctica insegura del aborto impone un gasto financiero muy alto para unos sistemas de salud que por lo general tienen un mal manejo de recursos. Viéndolo de esta manera entonces, se ha estimado que la pérdida por cuidados postaborto en el mundo en vía de desarrollo es de $341 millones de dólares13, 14, los cuales asimismo, se están dejando de invertir en campañas de prevención del embarazo no deseado y educación sexual que claramente son indispensables en estas regiones o en la financiación de mejores programas de vacunación que puedan disminuir las tasas de mortalidad neonatal e infantil que tanto reclaman quienes se oponen al aborto15.

Asimismo, tengo que referirme al derecho de la mujer a ser autónoma y por ende, a tomar las decisiones que ella considere sobre su propio cuerpo. Como ya he explicado ampliamente, los datos epidemiológicos implican que aquellas mujeres que desean practicar el aborto ante una situación en la cual, consideran esa como la mejor solución sea cual fuese, terminan abortando independientemente de las leyes de su país. De hecho, es por esta razón que la tasa de mortalidad aumenta según la prohibición del aborto seguro en estas regiones del mundo16. De manera que, a mucho pesar de aquellos quienes se oponen al aborto en nuestro país, tenemos que aceptar que a fin de cuentas la voluntad de la mujer embarazada siempre se impone, y que la criminalización del aborto seguro no es la solución.

Por otro lado, y pesando en una futura despenalización absoluta del aborto en Colombia, tengo que decir a los que se oponen a la idea, que la mejor estrategia de acabar con un problema de salud pública es realizando promoción y prevención primaria de salud17. En este caso, un escrito aparte merece la importancia vital de la educación en sexualidad masificada necesaria para que la sociedad desde el principio sea consciente del problema y pueda evitarlo. En Colombia, tenemos una tasa de 22,5% de embarazos en adolescentes18, lo cual indica que somos uno de los países menos educados en el tema con respecto al resto de Latinoamérica y el mundo. Por lo tanto, en Colombia actualmente ya deberíamos estar penalizando a los colegios que no dispongan de dispensadores de condones gratuitos en sus instalaciones, o que no demuestren que sus estudiantes dominan por completo una variedad de posibles esquemas para planificación familiar disponibles hoy en el Plan Obligatorio de Salud del Estado19.

Finalmente, y después de explicar mis argumentos insisto en la necesidad que tiene la sociedad colombiana de despenalizar el aborto en su totalidad. Basado en evidencia médica científica y en la epidemiología del problema, queda claro que ninguna restricción legal resulta beneficiosa para la sociedad20. Adicionalmente, considero una necesidad básica del ciudadano común colombiano que conozca estos datos y sus implicaciones sobre el sistema de salud y su correcto bienestar financiero, para de alguna manera contribuir al mejoramiento del apoyo social y político que necesita una iniciativa como esta. Todo lo anterior, dado que es totalmente inadmisible que una paciente llegue a nuestra consulta y que la ley nos obligue a no proteger su integridad física y emocional obrando en contra de dos de los pilares de la bioética: los principios de beneficencia y no maleficencia. Ya que una madre que no se siente feliz con la noticia de su embarazo no debe ser obligada a mantenerse por nueve meses haciendo algo que ella no desea realizar, ni debe ser obligada a tener más riesgo de morirse si decide abortar y mucho menos debe ser obligada a ir a la cárcel por haber tomado una decisión sobre su propio cuerpo que no afecta a nadie más si no a ella.

*M.d. Universidad de los Andes

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BIBLIOGRAFÍA

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