La Cuarta Via

Aumento de salario mínimo = canasta familiar más “Caribe”

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS. De Joaquín Romero Calle

“Caribe”, en sentido de más caro, más costoso, como populacheramente, en vocabulario barranquillero, se dice, del bien o servicio, que alcanzan precios altos.

A nosotros, el prisma de lógica material, con el cual miramos el desenvolvimiento de la economía, nos muestra, que el nuevo salario mínimo, no es más, que un simple mecanismo de justificación del incremento de precios, en bienes y servicios de la canasta familiar, necesaria para el desarrollo de la gestión de vida, de todo ser humano. Y, que está                          -canasta- sometida al formato de precios, dentro de los vaivenes de la oferta y de la demanda, en el mercado.

Mercado, es escenario excelso, en donde la dinámica económica -se produce, se vende y se compra- obtiene pleno desempeño. De lo que extraemos conceptualmente de allí, subida de salario mínimo, resulta ser, un mero espejismo, porque en verdad, ningún favorecimiento logra el trabajador del mínimo, que le permita adquirir más bienes y servicios, que le sirvan para ascender en su nivel de relación de vida.

Esto del salario mínimo, rompe una de esas tesis que, inspirada en principios, con tintes dogmáticos, impregnan la teoría de la actividad económica en general. Está sentado, que, al aumentarse el salario mínimo, el trabajador, obvio, gana más y que ese gana más, pone más dinero en circulación y que más dinero en la calle, indica mayor poder de compra y con éste, crecida en los precios y con esta crecida, inflación. Y todo este sartal, es mentira. Ficción. Sofisma de distracción.

Sí, sofisma de distracción, porque, no es la cantidad de dinero que perciba el trabajador de mínimo, la que conlleva el alza de precios. Y no lo es, por una razón sencilla. La masa monetaria, en el ámbito de la República, es la misma. No se amplía. Segundo, porque al porcentaje de aumento del salario mínimo, se incluye en la contabilidad, como un mayor costo de producción o de operación; costo, que se incrementa, a partir del primer pago de salario mínimo.

Pago, que el empleador formal, sólo desembolsa a la semana, a la quincena o al mes, después de estar rigiendo la nueva remuneración; mientras, que los bienes y servicios, comienzan a venderse con nuevo precio y hacia arriba, desde el primero de enero. Incluso, hay quienes lo hacen, desde noviembre, para sobrepasar aquel porcentaje, sin llamar la atención del público comprador. Así lo hace el transporte intermunicipal, legal e ilegal.

También, el comercio en general, mimetizándolo, con el cuento chimbo de los “remates” o “gangas.” El mismo Estado, lo hemos citado anteriormente, algunos de sus servicios, como los notariales, por ejemplo, a partir del primero de enero, se disparan automáticamente, porque tienen decretada esa indexación o especie de corrección económica.

En síntesis, el trabajador de salario mínimo y el que no lo es, compran, el primero de enero, con precios reajustados o inflados, sin motivación cierta alguna. Por este panorama, configurado dentro del marco de existencia de la economía, nosotros, creemos, que la tal Comisión Tripartita del Salario Mínimo, no es más, que una vitrina de exhibición, de unos personajes interesados en reflejarse, falsamente, como los magnánimos del paseo económico: los empresarios.

 A unos dirigentes sindicales, que han sido inferiores a las circunstancias. Y, es más, muchas veces, han utilizado los hombros de esos trabajadores, para llegar a arrodillarse, postrando la representación obrera nacional, a los pies de los poderosos y recibir indulgencias con camándulas políticas ajenas. Hasta Ministros, han sido. ¿Qué le ha dejado a la clase trabajadora, la gestión ministerial, de sus voceros de alta alcurnia “overil”? Nada.

Y finalmente, a un gobierno, que quiere construir la imagen, de ser consciente del deber social del Estado, de procurar bienestar para los trabajadores, proporcionándoles garantías y respeto por sus derechos e instituyéndoles, un mínimo vital, suficiente para su congrua subsistencia. Y aunque mínimo vital, no es lo mismo que salario mínimo, en efectividad, para la tal Comisión, es nuestra percepción, sí lo son.

En conclusión, el incremento del salario mínimo, en el duro plano de la objetividad cotidiana, no es más, que ciencia ficción, disimulada con el realismo mágico, de supervivir una familia, con el solo ingreso monetario descrito. Toca idear planteamientos distintos, para corregir, la situación que hemos narrado. Sobre todo, desprenderse el rico, del odio que le profesa al pobre y del egoísmo natural, por el cual lo atropella, como constante del devenir vital.

Y Petro, ni modo, tiene que danzar, al compás forzoso y mezquino, de la normatividad existente. Y dictar el correspondiente decreto. Bien sea, acogiendo el porcentaje acordado, o decretándolo, como decisión oficiosa del gobierno, si no hay concertación en la tal Comisión Tripartita de Salario Mínimo.

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