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‘Bastón’, la misión de contrainteligencia del ejercito que expone 10 años de corrupción

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En medio del escándalo por el uso irregular de la inteligencia del Ejército –que incluye el perfilamiento ilegal a políticos opositores, funcionarios públicos y hasta periodistas– empezó a surgir otra operación: Bastón.

Varios medios de comunicación empezaron a recibir fragmentos de lo que sería la más grande operación de contrainteligencia en las entrañas del propio Ejército, que contiene presuntos actos de corrupción en sus filas en los últimos 10 años y que implicarían desde generales activos y retirados hasta contratistas.

Hace una semana, el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, dio las primeras puntadas del tema. Decidió anticipar en las páginas de EL TIEMPO que Bastón era una especie de gran dosier que recopila decenas de operaciones de contrainteligencia.

Además, que el lunes se le remitiría a la Fiscalía una USB con la información recopilada que ya había permitido al Comando del Ejército la judicialización de 13 personas y la toma, en su momento, de 38 decisiones administrativas.

“Bastón es el nombre de los archivos de seguridad secreta en los que se recopilaron los resultados de esas misiones de trabajo”, aseguró el ministro. El título hace referencia a los bastones de mando que usan los generales porque justamente por ellos, los oficiales de ese rango, comenzó uno de los trabajos más serios y documentados de la historia reciente para dar con las manzanas podridas.

El resultado de esa labor de investigación interna es sencillamente impactante, no solo por el número de uniformados de todos los grados involucrados en actividades por fuera de la ley, sino por la gravedad de hechos. Esas misiones hicieron hallazgos sorprendentes: un general le vendía información a las Farc y luego a las disidencias. Otro hacía negocios con narcos del Clan del Golfo. Varios oficiales andaban en alianzas con integrantes de la estructura sicarial conocida como la Oficina de Envigado, a quienes les daban armas y salvoconductos. Algunos más estaban comprometidos en robos a su propia institución, contrataciones a dedo a cambio de jugosas coimas y fuga de información a políticos y delincuentes.

Por el volumen de información bien se podría hablar de una especie de WikiLeaks del Ejército colombiano. Allí están consignados algunos de los secretos de unos pocos que deshonraron el uniforme y traicionaron a la inmensa mayoría de hombres y mujeres honestos que integran esa institución.

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