La Cuarta Via

Cuidado con el remolino de salud: que no ahogue al Corcho Director

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS. De Joaquín Romero Calle

Tremenda y escandalosa expectativa, en torno a la reforma al sistema de salud, que actualmente funciona en Colombia, nacido en la famosa ley 100 de 1.993, obra básica de operaciones administrativa y legislativa, de César Gaviria Trujillo; el ministro de salud, de éste, Juan Luis Londoño de la Cuesta y del entonces Senador, Alvaro Uribe Vélez. Modelo de operación y prestación del servicio de salud, que llega ya, a los treinta (30) años de existencia.

Nosotros, podemos decirlo, por gracia divina, no somos enfermizo; no obstante, hemos necesitado atención médica especializada, e intervenciones quirúrgicas, y podemos decirlo, todo ha sido a entera satisfacción, para el usuario; porque los procedimientos se han cumplido dentro de términos aceptables y sin contratiempos administrativos, que redunden negativamente, en el aspecto de la salud, propiamente dicha. Sin embargo, conocemos, experiencias desastrosas.

Nosotros, nos declaramos seguidores de Gustavo Petro y votamos por él; comicios presidenciales del 2.010, 18 y 22. Ojo, y pagamos, gastamos dinero, para hacerlo. Cédula inscrita en Bogotá. Hubo que viajar a la capital, para sufragar en las dos vueltas. Sin compromiso clientelista alguno, e igualmente, estamos, sin pedir, contraprestación alguna. Así que, contamos, con suprema autoridad moral, como ciudadano y como periodista, para comentar y criticar, asuntos de gobierno.

Y aquí vamos. Nos luce, que la señora Ministra de Salud, Carolina Corcho Mejía, se ha mostrado en este tema del cambio en salud, como subjetivamente interesada u obsesionada, con la desaparición de las EPS., porque sí. Porque tienen que desaparecer. Y aquí está, el gran riesgo, de no cohesionar, un verdadero criterio asertivo hacia la reforma en la salud. Reforma que se necesita y que se pide a gritos, por un elevado porcentaje de clientes de la misma.

En consecuencia, nos asalta, la incertidumbre de la improvisación, de cambiar por cambiar, sin que el cambio que llegue, obedezca seriamente, a la categoría de solución efectiva, a las fallas innegables y perturbadoras, en la operación del servicio. Precisamente, uno de los principales males del sistema, al momento de abrirlo para los colombianos, fue ese, el de la improvisación material, muy a pesar, de la estructuración ideológica de neoliberalismo, con la cual, se fundamentó.

Dicho modelo, arrancó, casi que, con la puesta en vigencia de la ley que lo estructuró, la 100 de 1.993. Decía el entonces Ministro Londoño de la Cuesta, que era, revolucionario. Y creemos que sí. Era una revolución la que se vivía, en materia de salud de los colombianos. Se estaba universalizando el servicio. El sistema, convocaba a toda la población, a ser parte del mismo.

No obstante, en sí mismo, contradictoriamente, registraba a un sector, prácticamente que objeto de exclusión. Era el de los llamados Vinculados. No eran del régimen contributivo, ni del subsidiado. Y muy a pesar del tinte ideológico de neoliberal, y de aparecer en una plataforma simbólica de mercado, decimos simbólica, porque el mercado trazado en el sistema, no es real, en sus extremos de oferta y de demanda.

La oferta, uno de los pilares esenciales del mercado, está fuertemente regulada en la ley, sin la presencia de la mano invisible, que la agita, al interior de la economía, para enfrentar a la demanda. Situación, que quiebra ostensiblemente, la forma de mercado neoliberal del sistema de salud colombiano. Aunque, en algunos momentos de los trámites de rigor, se sienta, como si eso estuviere viviéndose.

La improvisación mencionada, consistió, en que se abrieron las puertas de la universalización  -todo el mundo- para servicios, que no fueron acondicionados, para ser prestados eficientemente. Por ejemplo, para atender la demanda de nuevos enfermos, no se compró una ambulancia adicional, no se construyó un hospital público nuevo, no se compraron equipos para dotación, ni se amplió planta de personal, con talento humano en salud. Ahí, comenzó chueco, el novedoso sistema de salud colombiano.

Desbarajustes, en la afiliación a las EPS., falta de conectividad de éstas, con las clínicas y hospitales. No había contratos entre estos actores principalísimos del sistema. Por esta falla, se rechazaban pacientes. Y tuvo lugar, aquella trágica etapa, del “paseo de la muerte”. Por ello, ¿si las EPS., de un tajo, desaparecen, que las reemplazará?

Dentro del neoliberalismo, hay un gran defecto, que atenta, contra los principios propios de la economía. Es el crecimiento de la población, el cual sucede, en escala superior a la producción, para ofrecer a la demanda. En treinta (30) años, el sistema, ha mejorado su nivel de dotación, para atender al público. Pero, esa dotación, no ha sido suficiente, pues, en el sector o red pública de servicios, cuántos hospitales nuevos, han entrado a fortalecer el sistema? Ni uno, que recordemos.

Así que, ojo, señora Ministra, que el tortuoso remolino de la envenenada opinión pública, no termine ahogando el Corcho, de la restauración y mejora, que el sistema requiere. No hay de qué.

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