La Cuarta Via

Diciembre llegooo con su ventolera

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS. De Joaquín Romero Calle.

Y se fue noviembre. Ojalá, con sus dañinas lluvias, las del exceso. Las normales, aquellas necesarias y útiles para la vida en general y el ambiente natural, pués, que continúen. Así, al menos, tendríamos, una navidad sin la zozobra de tragedias climáticas, en ninguna parte de la geografía colombiana. Y esos, nuestros deseos preliminares y sinceros y de la Cuarta Vía, para esta última hoja del almanaque 2.022.

La ventolera, a la cual nos referimos, no es, la de aquellas corrientes intempestivas de aire, sobre todo en Barranquilla, que levantan faldas o polleras a las mujeres, en calles y plazas públicas, colocándolas, en exposición de sus vestimentas íntimas, si las llevan. Y a los hombres, en oportunidad, para aguzadamente, echar ojos de cazador selvático, para cogerle punta* a jóvenes, adultas y maduritas.

Aludimos, a la ventolera laboral, que tendrá en vilo, al país, en sus sectores capitalistas, frente al del trabajo, en la negociación económica del incremento para el salario mínimo del año venidero. Tema en el cual, los medios de comunicación, propiedad de los magnates de la inversión, dedicarán tiempos generosos, para divulgar tesis que propugnen porcentaje mínimo de crecimiento, pues, se trata, precisamente, de eso, de salario mínimo.

Mínimo aumento, para mínima remuneración; encaje objetivo, perfecto. Los empresarios, aducen para justificar su “minimidez”, que, a mayor salario, mayor circulante dinerario en el mercado. Y a mayor circulante, en poder del trabajador, mayor capacidad de compra y a mayor capacidad de compra, mayores precios y, en conclusión: inflación.

Esa aseveración, basada en el principio de la economía, de que, a mayor dinero de mano en mano, mayor demanda y a mayor demanda, alza de precios y ésta, genera inflación. Este punto, no es cierto, dentro del complejo panorama de lógica práctica, que nosotros forjamos a través de la observación de la realidad. El asunto verdadero, tiene que ver con la productividad y el interés egoísta del dueño del dinero.

En Colombia, por influjo universal, su economía, se encuentra dentro del dogma, de que la oferta, siempre es inferior a la demanda, en virtud de la velocidad y porcentaje del crecimiento poblacional de ésta, superior a aquella. Y en virtud de esto, y por el supuesto efecto de sostenimiento de precios, la productividad en nuestro suelo, no va más allá, del límite acostumbrado. Si producen más, habría abaratamiento de bienes y servicios.

Por eso, para que no ocurra abaratamiento de precios, se mantiene en el mercado, la misma productividad. De allí, que ocasionalmente, se conozca que artículos de la canasta alimentaria, se matan y se botan a la basura, como los pollitos en levante o se derrama la leche en carreteras. Eso, para que no haya más oferta. Ni disminución de precios comerciales. En cambio, si se amplía la oferta o productividad, en ésta, se diluye el nuevo costo, sin necesidad de trasladarlo al consumidor final.

Restringida la oferta, permanencia de precios, los cuales, con el advenimiento del nuevo salario mínimo, suben, como por arte de magia. Eso, porque ese nuevo salario mínimo, es tomado como factor de adición de costos de producción o de operación. Con la añadidura de otra ventaja para el productor: quienes devengan más de un salario mínimo, no perciben aumento de salario. Sin embargo, tienen que pagar nuevos y alzados precios.

Otra más. El reajuste del salario mínimo, comienza a regir, el primero de enero. Pero, la producción de ese mes, está ya elaborada y con costos del diciembre que ha pasado. Y al mercado se lleva dicha producción, incluyéndole el nuevo factor de costos, cuando eso no ha acontecido. Y el trabajador, de nuevo salario mínimo, compra y paga, sin haber llevado a sus bolsillos, aún, el aumento dicho.

Nos tienen acostumbrados a la miserableza del salario mínimo, que, personajes como el Vicepresidente Angelino Garzón, cuando lo era de Juancho Santos, interpuso su altísima dignidad, para mediar, por un mejor aumento. Se alegró tanto, con la atención que le prestaron, al darle al aumento, una centésima más. E Iván Duque, en su primer decreto de nuevo salario mínimo, se jactó tanto, de haber decretado, en veinte (20) años, en promedio, el mayor incremento, en otra centésima, como la de Angelino. Y éste, era izquierdista, revolucionario y líder obrero.

Sobre egoísmo económico y aprovechamiento indebido de los inversionistas, seguiremos informando.

Quizás te interesa...

Knowledge Science Archives

If you’re a fresh graduate, make sure to include any internships, personal initiatives, open-source contributions

¿Quieres comentar la nota?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

queremso conocer tu opinión

Entra y deja conocer tu opinión acerca de los temas públicos más relevantes en este 2021en Magangué, espera el especial el próximo 16 de enero