La Cuarta Via

El idioma y las redes sociales, ¿la proliferación de la mala ortografía o la evolución del lenguaje?

La lengua se atropella constantemente, el uso de las redes ha generado el exceso de la mala ortografía, pero ¿qué dicen los especialistas?

En la Cuarta Vía

El Día del Idioma se celebra para hacer un homenaje al exponente por excelencia del castellano que es Miguel de Cervantes Saavedra, autor de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, obra ilustre del idioma español. El escritor falleció el 22 de abril de 1616, en Madrid-España, sin embargo, se decretó la fecha de su entierro, 23 de abril, como el día de su muerte por una costumbre de la época. Cabe destacar que esa misma fecha falleció William Shakespeare, razón por la que el Día de la lengua inglesa, también se celebra el 23 de abril.

En el año 2010, la ONU estableció los “Días de las lenguas”, para celebrar la diversidad cultural y multilingüismo, por lo que fue decretado 23 de abril como “Día de la lengua española”, sin embargo, en Colombia la fecha se impuso por medio del Decreto 707 del 23 de abril de 1938

El lenguaje, la ortografía y las redes sociales

Las redes sociales son el nuevo escenario de actuación de las personas, y con la generalización de su uso han surgido nuevas formas de comunicación, provocando la aparición de nuevos usos lingüísticos antes jamás imaginados. Las mayores transformaciones han sido generadas por los nativos digitales, ya que sobre el uso de mensajería instantánea y redes sociales pilota la mayor parte de su interacción social, decantándose por un modelo de aprendizaje activo.

Usan emoticonos para enriquecer la interacción virtual, simulando las características de una conversación oral-presencial, para representar emociones y llevan al máximo la economía del lenguaje, eliminando letras para hacer más “rápida” la comunicación.

Utilizan un lenguaje virtual en base a los factores de moda que van apareciendo, con la finalidad entablar una conversación fluida y cotidiana, obviando la ortografía, la puntuación, las mínimas estructuras gramaticales y conceden gran relevancia a los sonidos de las letras, una prueba más de que el lenguaje digital tiende a asimilarse al oral. Corremos, pues, el peligro de que la escritura que se ve arrastrada por la moda haga que las personas ya no la utilicen solo allí, sino que la pasen a la vida cotidiana y la extrapolen a todos los ámbitos del lenguaje.

Pero para los especialistas “la lengua es una entidad viva -repitió Silvia Ramírez Gelbes, experta en lingüística y directora de la maestría en periodismo de la Universidad de San Andrés-. Y como tal, crece, se transforma, adopta términos nuevos. Si no lo fuera, seguiríamos hablando en latín”. Sobre este gran concepto orgánico es que las palabras se agolpan.

Un vocablo nuevo llena un espacio vacío, una necesidad de caratular algo que antes no existía. Hay una actividad flamante: ponerle un nombre. Googlear quizá sea un caso ejemplificador.

Evolución de los contenidos

Si volvemos atrás en la historia de la comunicación tecnológica, las primeras modificaciones lingüísticas vienen de la mano del telégrafo, un twitter primitivo que ya restringía las palabras debido a su coste. En 1992 comienzan a ser patentes las deformaciones en la escritura con el envío del primer mensaje de texto vía teléfono celular. Los cambios que se producen vienen marcados por la necesidad de crear abreviaturas para ahorrar caracteres con el fin reducir el coste de los mensajes de texto; así se registran las primeras: K (¿qué?), PQ (¿por qué?) y ¿? (qué pasa).

A ello contribuyó más tarde la generalización del uso de Twitter, cuya limitación obligaba al usuario a expresar lo que pretendía decir en un máximo de 140 caracteres, lo que crea la necesidad de encontrar formas de resumir la idea, ¿inventando abreviaturas como q?, pq?, tmb, vdd?, etc., que no responden a una corrección ortográfica, pero su uso se hace cotidiano y se aceptan.

¿Qué está mal?

En opinión de algunos lingüistas, no existe “lenguaje incorrecto” siempre que se use en el contexto adecuado y se respete su registro y su uso en la región donde se esté utilizando. El problema surge cuando esto se extrapola a otras regiones de la comunicación al margen de las redes sociales, cuya colaboración activa a la deformación del lenguaje habrá que valorar, ya que dichas redes sociales se utilizan a diario por millones de personas, y la rapidez, ansiedad o corrientes de escritura en la web, distorsionan el uso correcto de la sintaxis y la ortografía, hecho que, por otra parte, ya no escandaliza a nadie.

La comodidad y rapidez de la escritura olvida tanto las tildes como la puntuación, provocando incluso la desaparición de caracteres. Sin una puntuación correcta es complicado adivinar la entonación de los enunciados, y la distribución aleatoria de esos signos dificulta la respiración en la lectura y puede complicar la compresión del contenido.

En este nuevo escenario, las academias deben atender más a la evolución del lenguaje que a su pureza, porque si este no evolucionara acabaría perdiendo su función y dejaríamos de usarlo. Contrariamente a lo que se habría podido predecir con los avances tecnológicos, se ha pasado de un uso más oral de la lengua a uno más escrito; nunca se ha escrito tanto desde que existe el correo electrónico y se utilizan los chats, pero esta traslación se ha realizado con los vicios e incorreciones que se cometen en el habla.

El debate

Un informe de la Universidad de Alcalá (UAH) alerta de que el 90 % de los jóvenes admite cometer faltas de ortografía cuando escribe en las plataformas sociales. Sin embargo, varios estudios demuestran que escribir con faltas en las redes sociales no afecta al nivel de ortografía. «Cuando las personas escriben en los medios digitales instantáneos, tales como WhatsApp, priorizan la rapidez y el contenido del mensaje por delante de la forma, haciendo uso de la escritura abreviada, sin acentos y con emoticonos», explica la profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Ona Domènech.

El profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC Ferran Lalueza apunta que «las redes sociales han generado un contexto comunicativo que antes no existía, y el lenguaje se ha adaptado por medio de un registro igualmente nuevo caracterizado por la brevedad, la informalidad y la agilidad». Coincide con él el profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Joan Pujolar, quien añade que «actualmente, con internet, existe la necesidad de expresar cosas que hasta ahora las prácticas escritas más habituales dejaban de lado».

Lalueza explica que las redes sociales son plataformas para la interacción con los demás y ello conlleva que, «aunque sea por escrito, en realidad lo que se hace es conversar con las personas que se perciben como próximas y con las que se comparte un entorno virtual». «Los jóvenes utilizan este nuevo lenguaje porque se adapta muy bien a las características del entorno digital y, además, les permite compartir un código común que genera complicidad y sentimiento de pertenencia», razona el profesor.

Sin embargo, Domènech dice que «no hay que alarmarse y pensar que estas formas se extenderán a cualquier tipo de situación», ya que «los hablantes adaptamos la lengua a cada situación comunicativa en que nos encontramos, por lo que en situaciones informales no utilizaríamos las mismas palabras que en situaciones formales, y viceversa». Pujolar coincide con ella, y asegura que en su mayoría «se trata de expresiones que aspiran a expresar gestualidad conversacional propia del habla convencional, tal como lo hacen los emoticonos».

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