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Entre coronavirus y política, ¿los últimos días de la OMS?, mira los señalamientos que existen

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“La Organización Mundial de la Salud debería cambiar su nombre de OMS a OCS: ‘Organización China de la Salud’. Ese nombre sería más apropiado”. El viceprimer ministro japonés, Aso Taro, estallaba así durante una reciente sesión parlamentaria en la que denunció, indignado, la descarada influencia de Pekín en el organismo al que estamos encomendados para derrotar la pandemia del coronavirus.

Su ocurrencia encontraba un insólito eco al otro lado del Pacífico cuando, días después, Donald Trump Jr. retuiteaba la intervención del político asiático difundida por el canal de televisión taiwanés Formosa News: “Estoy con él (Aso Taro)”. Lejos de ser dos exabruptos aislados a 10.000 kilómetros de distancia, estas declaraciones son el síntoma más visible de una creciente furia contra la OMS y su controvertida gestión de la crisis sanitaria del Covid-19.

Y es que la OMS ha tenido la injerencia directa de China, por ello cada vez más voces piden la cabeza del actual director general, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus. Si antes le recriminaban una excesiva complacencia con Pekín, ahora lo acusan directamente de ser un peón chino más en el sistema. Pero la respuesta no es tan sencilla.

Los países han apostado por otros centros de poder más relevantes -como el FMI, la OMC o la OTAN-, dejando a la organización al borde de la irrelevancia operativa y con un menguante presupuesto. Nada más básico en la geopolítica que ocupar los vacíos que dejan tus rivales sin oponer resistencia. Y eso hizo China. Tras el brote del SARS en 2003, el país asiático comprendió el verdadero potencial de este mamut administrativo en casos de crisis sanitaria. Una poderosa influencia a la que la opinión pública global parece estar despertando de golpe. Durante los últimos años, Occidente ha ido descuidando la OMS.

Miremos hacia atrás

Debe decirse en torno a la OMS que hasta la llegada del Covid-19 había pesado sobre la organización cierta fama de “alarmista” debido a su manejo de la anterior pandemia, la de gripe A en 2009, cuando la organización estaba liderada por la hongkonesa Margaret Chan (también acusada de excesivos vínculos con China).

En aquel entonces, su recomendación de comprar millones de vacunas a todos los gobiernos fue percibida como una medida exagerada y en beneficio de las farmacéuticas, pese a que en realidad esa pandemia, según estudios científicos posteriores, causó entre 150.000 y 575.000 muertes.

La relación OMS – China con el covid-19

El 14 de enero, dos semanas después de que China le notificara la existencia de un nuevo coronavirus en Wuhan, la OMS alertó a las redes hospitalarias del mundo para que prepararan medidas de contingencia.

El 22-23 de enero, la OMS convocó un comité de urgencia en su sede central de Ginebra. China acababa de poner en cuarentena a los 11 millones de habitantes de Wuhan y la oprganización debía decidir si declaraba el nuevo coronavirus “emergencia de salud pública global”. Con los consejeros y expertos divididos, Tedros tuvo la palabra final. En vez de dar la voz de alarma, decidió esperar.

El 26 de enero, el director general viajaba a Pekín para reunirse personalmente con el presidente Xi Jinping. Mientras el mundo todavía observaba con el escepticismo de la distancia la evolución de la incipiente epidemia, el mensaje que llegaba del líder de la OMS era tranquilizador. Había riesgo, sí; pero estábamos en buenas manos.

“Apreciamos la seriedad con que China se está tomando este brote, especialmente el compromiso del alto liderazgo chino y la transparencia que han demostrado”, aseguró. Tedros Adhanom Ghebreyesus mostraba así un respaldo sin fisuras a la gestión del Partido Comunista, pese a las crecientes denuncias de descontrol, represión y opacidad en los primeros compases de la crisis.

La alerta global llegaría una semana más tarde —el 30 de enero— en otra reunión extraordinaria en la que Tedros aseguró que China estaba “fijando un nuevo estándar” en el control de epidemias. “Y no es una exageración”. Sin embargo, el primer equipo de la OMS al que se permitió acceder al terreno en Wuhan —y con limitaciones— tendría que esperar hasta el 13 de febrero.

El 11 de febrero el organismo reunió en su sede en Ginebra a 300 epidemiólogos de todo el mundo para estudiar una respuesta coordinada, el 28 de febrero elevó a “muy alto” el riesgo de expansión global del Covid-19.

Tedros mantuvo inamovible su discurso. “China ha comprado tiempo al mundo”, sentenció en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 15 de febrero, una línea básica en la narrativa de Pekín repetida hasta la saciedad por los organismos de propaganda del gobierno comunista. Mientras, el secretario general se quejaba de la “alarmante inacción” del resto de países.

Taiwán el ejemplo que desconoció China y la OMS

El 14 de enero y asegura que “las investigaciones preliminares de las autoridades chinas no han hallado evidencia clara de transmisión humano-humano del nuevo coronavirus identificado en Wuhan, China”.

Puede que en ese momento no hubiera “evidencia clara”, pero sí había indicios de lo contrario. Dos semanas antes, las autoridades sanitarias de Taiwán sospechaban que el virus se transmitía entre personas. Así lo notificaron a la OMS a través de la agencia internacional de regulación sanitaria de la ONU. La nación asiática -de 23 millones de habitantes- debe recurrir a ese mecanismo para compartir este tipo de información con el mundo, ya que está excluida de la propia OMS por presiones de Pekín, que reclama la soberanía de la isla de Formosa.

“Intentamos obtener más información de la OMS sobre qué estaba pasando en Wuhan, pero la respuesta fue: ‘Ok, nosotros nos encargamos desde aquí”, dijo el ministro de Exteriores a la agencia Bloomberg.

Al final, la OMS acabó ignorando y silenciando a una de las pocas democracias que han podido lidiar de forma efectiva con el virus —con 379 casos confirmados y cinco víctimas, hasta la fecha—, desafiando la narrativa china de ‘manu militari’ en tiempos de pandemia. Taipei utilizó la previsión, la tecnología y la transparencia para frenar los casos con medidas como la cancelación temprana de los vuelos procedentes de zonas afectadas en China, mientras Tedros abogaba por no limitar viajes o comercio en el inicio de la epidemia y reprendía a los países que lo hacían.

El hombre que genera la controversia

Tedros comenzó como militante del Frente de Liberación Popular de Tigray —partido de inspiración marxista— y acabó ocupando las carteras de Salud (2005-2012) y de Exteriores (2012-2016) en Etiopía. En su desempeño, se ganó aplausos por mejorar la cobertura sanitaria en el segundo país más poblado de África, pero también serias acusaciones de encubrir varios brotes de cólera —algo que siempre ha negado—.

Su meteórica carrera para ganar la jefatura de la OMS en mayo de 2017 tiene mucho que ver con el cambio en el sistema de elección del secretario general del organismo y con las débiles finanzas de la organización. Criticado como un puesto que se repartían los países poderosos —a veces, con acusaciones de sobornos de por medio—, se pasó a una votación directa y secreta de una terna de candidatos en la que todos tendrían el mismo peso de decisión.

“Hay que destacar la conexión de China con Etiopía, llamada la ‘pequeña China’ del este de África porque se ha convertido en la cabeza de puente de la influencia china en África y un punto clave en la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda. De hecho, China ha invertido mucho en el país”, opinó el profesor Bradley Thayer, experto en Asia en la Universidad de Texas-San Antonio, en una columna publicada en ‘The Hill’.

Tedros ganó claramente con 133 de los 186 votos, un margen que va más allá de cualquier influencia particular. Pero el visto bueno de China y una sólida base de 55 votos de la Unión Africana, elevaron su estatus al de representante del ‘sur global’ ante otras potencias emergentes.

El cargo venía de ser ocupado durante 10 años por Margaret Chan, una pediatra chino-canadiense criticada por su respuesta al SARS en Hong Kong. En su elección se implicó personalmente el entonces presidente chino, Hu Jintao. Era la primera gran apuesta de Pekín por colocar a uno de los suyos al frente de una gran agencia internacional, símbolo de su pujanza económica, diplomática y cultural. Pero su paso por el ente estuvo marcado por el fracaso en gestionar la epidemia de ébola que azotó a varios países de África en 2015 y las acusaciones de ocultar brotes de polio en Siria (2013) y de MERS en Arabia Saudí (2014)

La financiación de la OMS

Para valorar el incierto alcance de la influencia china en la OMS —objeto de disputa entre analistas—, es fundamental entender cómo se financia la organización. Para empezar, no depende económicamente de China, cuyas contribuciones apenas rondan 90 millones de dólares, menos del 10% de lo que pone EEUU.

De hecho, las aportaciones estatutarias de los 194 países miembros de Naciones Unidas tan solo cubren un quinto de los gastos del ente multilateral, cuyo presupuesto operativo para 2020-2021 ronda los 5.000 millones de dólares. El resto se financia a través de organismos privados, fundaciones filantrópicas y ONG. Las cuentas están tan descalabradas que en el ejercicio 2012-2013 la fundación Bill & Melinda Gates fue su principal donante —por encima de EEUU—.

Esto deja al organismo —que cuenta con más de 7.000 empleados en 150 países— muy vulnerable ante los grupos de presión de farmacéticas y a los vaivenes de los posibles donantes. Con Estados Unidos en plena retirada del frente global bajo el Gobierno de Donald Trump y la Unión Europea enfrascada en sus dramas internos con el Brexit, la imagen de China como posible pilar de la OMS se fortaleció en la organización.

“Las crecientes contribuciones de China se producen justo cuando su influencia en el entorno de Naciones Unidas está en auge y el liderazgo de EEUU, en declive. Mirando al futuro, China podría aparecer un socio más fiable para las organizaciones que dependen más del apoyo financiero voluntario de los países miembro como la OMS”, escribió Michael Collin, analista del Council on Foreign Relations.

¿El fin de la OMS?

La situación está escalando rápidamente y amenaza la existencia misma de la OMS. “La pifió de veras. Está financiada principalmente por EEUU, pero, por algún motivo, es muy ‘chinocéntrica’. Lo vamos a analizar bien. Afortunadamente, rechacé su consejo de mantener nuestras fronteras abiertas a China. ¿Por qué nos hicieron una recomendación tan equivocada?”, amenazó Trump desde Twitter.

Muchos expertos confían en que el abandono de la OMS no sea más que un farol de Trump. “No estoy diciendo que lo vaya a hacer, pero lo vamos a considerar”, reconoció el mandatario horas después en su comparecencia diaria en la Casa Blanca para sobre del coronavirus. “Pero no sé, parece que se han puesto [la OMS] del lado de China”, insistió.

Pero, para evitar futuros errores, los analistas piden que se aumente la financiación de la organización internacional y se sanee su liderazgo. Algunos, como el director del Instituto de Política Pública Global, Thorsten Benner, también ponen nombres a los culpables: “Necesitamos un liderazgo de la OMS que no actúe como portavoz de la propaganda de Pekín. Desafortunadamente, ese es el rol que Ghebreyesus y Aylward han decidido seguir”, escribió en Twitter.

Otros, como Rafael Bengoa, médico y experto en salud pública que pasó 14 años en la OMS, creen que hay que revitalizar la toma de decisiones en el organismo. “La organización está limitada por los miembros, que le permiten una cosa u otra. Casi nunca le permiten tener suficiente poder y es difícl actuar sobre un brote local rápidamente. Luego, en Naciones Unidas, por excesos de diplomacia, no se acaba nunca de evaluar exactamente cómo fueron las cosas”, avisa el exconsejero de Sanidad vasco en una entrevista con El Confidencial.

Casi al mismo tiempo que EEUU valora la idea de abandonar la OMS, China también acaricia la idea de crear una organización a su imagen y semejanza, según publicó ‘Axios’ hace un par de semanas. Un ‘think tank’ asociado al Partido Comunista ha estado recabando opiniones sobre cómo recibiría la comunidad internacional la noticia de la creación de una alternativa a la OMS liderada por Pekín. “La situación del coronavirus por todo el mundo es tan urgente que consideramos que quizás el mundo necesite el liderazgo de un país/organización que coordine todos los países afectados por la lucha contra el coronavirus, al igual que el rol de liderazgo de EEUU en la OMS”, rezaba el informe.

En este tira y afloja multilateral, un eventual debilitamiento de la OMS podría acarrear graves consecuencias para todos. “Llega un momento cuando la confianza en las instituciones internacionales es minada debido a las crecientes presiones internas de los países. Y esto podría impactar en la capacidad de proveer una respuesta efectiva ante una próxima crisis sanitaria global”, valoró Janka Oertel, experta en Asia del European Council on Foreign Relations (ECFR), en comentarios a El Confidencial.

2022 la medicina tradicional China, ¿el nuevo modelo de salud?

Ciertamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) es el referente internacional en materia de salud. Su papel en la gestión de la pandemia del SARS Coronavirus 2 ha sido fundamental, como ves para algunos bien para otros desacertado, pero todos los estados han seguido sus recomendaciones más pronto o más tarde. Además, la OMS es el árbitro que determina qué tratamientos son válidos y cuales son pseudociencia.

Durante décadas, esta institución se ha considerado apolítica. Sus decisiones, en teoría, sólo están basadas en criterios científicos, no ideológicos. Sin embargo, esto podría estar cambiando. En el año 2022, la OMS ya ha anunciado que incluirá algunas prácticas de medicina tradicional china en el vademecum internacional. Todo esto significa que tanto los gobiernos de todo el mundo como las agencias de seguros podrían empezar a conseguir los remedios tradicionales chinos como una forma de medicina tan válida como la ciencia.

¿Hasta qué punto esta decisión está motivada por razones políticas o científicas? ¿Por qué es un peligro que la medicina tradicional china entre en el vademecum de la OMS? ¿De verdad tenemos que desconfiar de la medicina tradicional china?

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