La Cuarta Via

Especialización académica también es instrumento para la discriminación

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS. De Joaquín Romero Calle.

En página web de Presidencia de la República de Colombia, exhibe anuncio laboral, con características propagandísticas, que dice:

“APORTA A LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO PAÍS

La Presidencia de la República está invitando a todos los colombianos que cuenten con título de doctorado, que actualmente estén viviendo en el país o en el exterior, y deseen retornar para aportar su experiencia y conocimiento al gobierno del cambio.”

Vincular a la administración del Estado, a los mejores, es propósito admirable, por lo que significa en materia de calidad de la gestión, a cargo del funcionario así investido y porque permite, ocupación profesional, a quienes hayan alcanzado formación académica, así de elevada, para que esa misma formación, no resulte fallida y frustrante, para quien la posee, por falta de demanda en el mercado laboral.

En esto de lo ocupacional, la Presidencia, creemos, debería ser más cuidadosa, al momento de publicitar esta especie de convocatorias públicas, porque, al especificar que el llamado, es sólo para doctores, tácitamente, está ignorando, a quienes no lo son; a quienes no cuentan con esos créditos académicos y particularizados así, para las ofertas de trabajo. Se rompe con el principio del bifrontismo genérico del trabajo.

El trabajo, comporta un sentido subjetivo y otro objetivo, según explican científicos sociales. Lo primero, corresponde a la significación universal de lo que es en sí, el trabajo. Lo que simboliza, en cuanto a valor abstracto, para la persona, la familia y la sociedad; lo segundo, a las calidades o competencias requeridas para el empleo, dada la categorización o jerarquía del mismo. Sentido subjetivo, que tanto la sociedad colombiana, como su Estado, a través de los gobiernos de turno, han pisoteado durante mucho tiempo.

El Estado colombiano, desde siempre, en el aspecto laboral, ha sido manejado con criterio liberal, en donde ha tenido realización máxima, aquel enunciado, de que el primer empleador, en Colombia, lo es el Estado. Este principio, dejó de serlo, con la llegada de César Gaviria al poder. De la concepción del Estado empleador, se pasó, al del Estado desempleador. La estructura del Estado, había que disminuirla.

Antes de Gaviria, Misael Pastrana, tratando de lavarse la cara del chocorazo que lo eligió, según el sentir de toda la República, se acuñó la intención de gobernar con los más capaces y para su gobierno, los más capaces, eran los especialistas, maestros o doctores, menciones éstas, en categorías de posgrados. De allí, su vocablo estrella: “tecnocracia” Tecnología y burocracia.

De ahí, los centros de educación superior privados, comenzaron a incluir en sus portafolios de ofertas académicas, los tales perfeccionamientos académicos extremos. Pareciendo hacer pareja complementaria con el Estado, que comenzó a exigir estos títulos, para la provisión de altos cargos de la Nación. Tecnocracia de Pastrana. Dejó a los colombianos, el desastroso UPAC., en la financiación de vivienda.

Para disminuir la estructura orgánica del Estado, había que arrancar, con su amplísima nómina de personal. De ahí, surgieron las tales reestructuraciones, que no fueron más, que actos de masacres laborales, botando gente, para después, en muchos casos, reengancharlos, bajo la figura del contrato de prestación de servicios. Actualmente, este fenómeno persiste vergonzosamente, en el sector salud.

En muchísimos municipios de cuarta a sexta categoría, abundan los efectos del cuentico de las reestructuraciones de supresión de cargos, con simuladas y posteriores reestructuraciones rectificadoras, consistentes, en que el personal cancelado, se revincula, mediante contratos de prestación de servicios, figura con la cual, además de explotar inmisericordemente al talento humano en salud, se abre franquicias para la corrupción.

Se abre, con la inventiva de una supuesta contratación colectiva, con Fundación, Cooperativa de Trabajo o simplemente, empresa de empleo temporal. Todas las cuales, no pagan puntualmente. Ni salarios ni prestaciones; éstas últimas, ni impuntualmente, ya que la regla, es que no las ganan esos contratistas.

En un país, en donde las oportunidades de estudios, no son universales, si no, escasas y preferentemente privadas -negocio de la educación privada- la simple escogencia de aspirantes a trabajo, mediante el encumbrado mérito académico, más allá de la envoltura mecánica, es excluyente y discriminatoria. Porque esa educación, es, sólo para quienes pueden pagarla.

Entre nosotros, no todos los niños, ingresan al bachillerato. Y todos, no egresan como bachilleres. Y de éstos, sólo un cierto porcentaje, entra a la universidad y otro poco porcentaje de éstos, sale con sus respectivos títulos y muchos menos de éstos, logran cursar una tal especialización; maestría o doctorado. Hay mucho profesional, con larguísima experiencia, que bien puede acceder a un altísimo empleo estatal.

Por ejemplo, en Derecho, antes de la hemorragia de supra títulos, en jueces y magistrados, ¿cuál, la calidad, de la jurisprudencia de esa época, con la de hoy?

Por lo menos, en este gobierno, se admite contundentemente, que toda regla, tiene su excepción. Ha sido nombrado como Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, un sucreño, nacido en zona rural de Ovejas y de esas privilegiadas distinciones académicas, adquirida por la honrosa vía de la beca. Además, se le dá a la Costa Atlántica, una sobresaliente representación ministerial.

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