La Cuarta Via

¿Ha vuelto la horrible noche?

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS. De Joaquín Romero Calle

Para Magangué, sí. Los últimos insucesos de homicidios, parecen indicar, que la densidad de la oscuridad, en este presente, es mayor, de cuando aquel pasado, en que Marcelo Torres Benavides, con valentía insuperable y verbo candente, invitaba a votar por él, para cesar a la horrible noche. La de tragedias individuales, para los excluidos del poder municipal y de corrupción en las arcas del tesoro público. No mataron a Marcelo. Ni a sus seguidores. Ni a sus electores.

Pero, hace escasamente, dos (02) meses y porción, balearon y murió, Natanael Díaz Iriarte, líder popular, o social, como le llaman ahora, a esta gente de la base irredenta, que se dedica, espontáneamente, a vocerar a sus comunidades, en procura de atención de los gobiernos de turno, para solucionar necesidades básicas, tradicionalmente, insatisfechas. Natanael, murió, en tránsito por vía veredal, dirigiéndose a su lugar de radicación hogareña: Tacasaluma.

Había nacido en Galeras, Sucre, de muy joven emigró a Venezuela y hace cincuenta años, regresó a Colombia, tomando arraigo en el corregimiento magangueleño mencionado. Aprovechamos, para repetirle honras a su memoria y para enviar nuestro pesar, por la desaparición criminal de ese amigo y servidor social, a sus hermanos, personas de nuestro aprecio y cariño personal, al igual que Natanael: Porfirio, Simón, Efraín y Francisco.

Para reafirmar temores de la opinión generalizada, de que ha vuelto la mano negra, la que, por concierto económico para delinquir, empuña arma y dispara traicioneramente, para acabar existencias incomodas, por actitud frentera, recriminatoria y de denuncia de malos manejos contractuales o simple corrupción, en la administración del patrimonio público, tan sólo tres (03) días atrás, en “noche de velitas”, otro líder popular o social, fue hecho víctima.

Luis Manuel Peña Salcedo, reconocido gestor de asuntos comunitarios y defensor de intereses colectivos de los más necesitados, cayó bajo anónimas balas asesinas, que deben inquietar poderosamente, a la población en su totalidad. Muy en especial, a militantes y dirigentes del Pacto Histórico, por las coincidencias, en estos asesinatos: líderes populares o sociales, propulsores del Pacto Histórico, Magangué y ex candidatos a Concejo Municipal, con banderas de reivindicación social.

No importó la simbólica espiritualidad de la iluminación con luz de “velitas”, inspirada en la fé en Dios y santidades propias de la religión católica, para que los dedos asesinos, activasen el gatillo homicida, que soltó los proyectiles al blanco Peña Salcedo. Y unas horas después, de cerrado el capítulo resplandeciente de la cera o parafina ofrendada dentro de ritos de la divinidad, murió, también, criminalmente y en la puerta de su residencia, otro entusiasta del PH.

Se trata, de Juan Bautista Navarro Manjarrez, distinguido profesional del derecho, con reconocida reputación en el ambiente judicial y de estimación amplia y generosa, en criterio poblacional de Magangué y sus contornos corregimentales y veredales. Acompañado siempre, de su señora esposa, igual de dinámica en agites proselitistas, se dejó ver, como enérgico propulsor de existencia del Pacto Histórico, y como partícipe de triunfos electorales de éste.

Por los factores ideológicos de unión, entre los asesinados Díaz, Peña y Navarro, obvio, que asome el miedo, la preocupación y prevención, al interior del conglomerado de la enseña del Pacto Histórico. Por ello, la lógica de sus pronunciamientos. Los del periodista y activista, Anastasio Bedoya y el divulgado por Iván Mondragón y Nilo Pérez, dos de las cabezas visibles de la mesa de mando, de la coalición de gobierno nacional.

Gustavo Petro, hizo exteriorización oficial, condenando los dos primeros hechos de sangre, narrados. El último, sabemos, le fue comunicado con inmediatez solidaria y luctuosa, directamente, por Marcelo Torres Benavides, con quien Juancho, tuvo, destacada militancia y amistad política.

Comentarios callejeros, mencionan, además de la comunión de divisa política, cuya bandera ondea, con colores achicados por ancha cinta negra que le estampa la violencia encarnizada, dan cuenta, de que Luis Manuel y Juan Bautista, hacían pareja, como sujetos procesales, poderdante y apoderado, en gestión litigiosa, frente a la rama judicial, en uno de sus juzgados en el puerto carvajalino.

Hacemos llamado perentorio, a todas las autoridades magangueleñas, así sean las de categoría nacional, que por favor, investiguen integral y exhaustivamente la situación, y que prontamente, muestren resultados, válidos y concretos, con exhibición de capturas de autores -intelectual y material- para que desvirtúen, que la sangre derramada, es sangre política. Y para que procuren, desde otra óptica, acabar con la inseguridad ciudadana.

Condolencias muy sinceras, para su viuda e hijos y demás familiares. Abrazó de duelo para todos éstos.

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