La Cuarta Via

Imaginando lo que no pasó

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS de Joaquín Romero Calle

En Colombia, la política es: dinámica, cambiante, inexacta y en ella, nada es gratis. Todo se paga. Dinámica, porque los criterios se tornan volubles, maleables, según las conveniencias de los actores del momento. Y así, permite cambios de dirección. Por tal razón, en política, dos más dos, no son cuatro. Todo esto, según el decir de hace cincuenta años, del politólogo barranquillero, nacido en Gamarra, Cesar, Ricardo Díaz de la Rosa.

La primera manera de pagar, es, anticipadamente, a través del clientelismo. La influencia generada en la porción de poder que ostenta cualquier alto dignatario del país, sirve para obtener de éste, nombramientos, contratos, decisiones Estatales favorables a determinados intereses, etc., que luego, en el momento oportuno, se traducen en votos. O, que ya han sido depositados en las urnas.

Ese clientelismo, en los altos niveles de la administración pública, se llama también, gobernabilidad o acuerdo programático, en el plano electoral previo. Y son costumbre, en nuestro acontecer político. En el nivel territorial, por lo general, la gobernabilidad, es sinónimo de corrupción, pues, entraña, saqueo mancomunado al tesoro departamental, distrital o municipal, a través de las tales alianzas o bloques, que así se les denomina.

El principio de nada es gratis, en ocasiones, se ve desechado, cuando se busca un proyectado resultado posterior, más determinante. Lo vimos en el 2.018. Los partidos políticos tradicionales, concluida la primera vuelta, todos, corrieron a inscribirse, como huestes voluntarias de Iván Duque, para evitar que el aristocrático candidato, de derecha, fuese derrotado, por el vulgar gladiador de izquierda, Gustavo Petro. Ganó Duque.

Valido del cheque en blanco, girado por los partidos políticos del establecimiento, Duque, consideró que no tenía compromisos clientelistas con sus favorecedores de última hora y que, por lo tanto, no estaba obligado a entregarles cuotas burocráticas. Iba a hacer, un gobierno ejemplar: nada de burocracia; cero mermeladas, nada de corrupción. Todo para el CD. Y compañeros de universidad, de Duque.

Pero le tocó turno a decisiones del legislativo y ahí, torció, la puerca, el rabo. No eligieron del Centro Democrático, Contralor General de la República. Ah y venían, unos proyectos de ley, duros. Tesos: rellenar el hueco del presupuesto y la reforma tributaria pro capital, del Gobierno Nacional. Y de inmediato, se endulzaron, en alta dosis, los trámites y aprobaciones en el Congreso. Ver para creer. Y epa, apareció la corrupción, también.

Hoy, estamos, como en el 2.018. En una acera, un petrismo, sobrado y firme electoralmente, dispuesto a llevar a su líder, a la Casa de Nari, para asearla y desinfectarla muy bien, como le recomendó un sacerdote pro RCN., a Duque, en aquel momento. Y enfrente, un antipetrismo consolidado mayoritariamente, unido por un único sentimiento subjetivo, de odio y de miedo: impedirle a Petro, ser Presidente. Quien sea, menos Petro.

Y de ese quien sea, importa un carajo, de verdad, quien sea, en antecedentes personales, sociales, profesionales y políticos. Afortunadamente, para la democracia colombiana, la fuerza electoral del antipetrismo, no resulta ser, 100% monolítica, obtusamente cerrada. Eso creyeron y se equivocaron Pacho Santos, Fico Gutiérrez y los grandes medios de comunicación, empecinados en cerrarle el camino al aspirante Petro, nacido en sitio que Jorge Enrique Robledo, aún con su amplísima experiencia de arquitecto, no ha podido diseñarle.

Rodolfo, vende lotes para vivienda urbana prioritaria, a cien millones de barras ($100.000.000), solo el lote; es un atraco, dijo; mientras que la vivienda, construida en dicho lote, oficial y legalmente, tiene precio de $70.000.000. Perfecta operación empresarial. Genera riqueza.

Gestión, alabada por el maricón peruano, el redondo -clava y lo clavan- quien, por ser amigo de Uribe, se cree con derecho a meterse a descalificar candidatos presidenciales en Colombia. Claro, que hizo una, que nos gustó. A alguien figuroncito, lo señaló de lavador de inodoros de las mafias. Primero, lo había entrevistado y elogiado, como una gran reserva política del Centro Democrático.

Rodo, luchará en contra de la corrupción. Misma, en la cual, él, navegó, siendo Alcalde de Bucaramanga. Cuando expresó que la ley le servía para limpiarse las cuatro (04) letras traseras, estaba impartiendo orden de incurrir en corrupción. Igual, cuando discutió con el jefe jurídico de la empresa de acueducto, por el contrato a celebrar con Vitalogic. Bastante basura y billete de por medio, ¿cierto?

Imaginemos, una segunda vuelta, Rodolfo contra Fico, como la soñaron, los que inflaron al Viejito. ¿Qué estaríamos escuchando de bando y bando? ¿Se habrían cansado ya, de gritarse: corrupto?

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