Sábado 22 Julio 2017

Por lo que pasamos los adolescentes que salimos “biches” de casa

Por: Francesca Guerrero Salas

Magangué Bolívar es una ciudad muy pequeña, pero también un pueblo exageradamente grande. Me baso en la segunda apreciación para explicar el cambio rotundo que fue salir de solo 15 años de un pueblo a una ciudad con tanto recorrido como lo es Cartagena de Indias.

Los padres que envían a sus hijos solos a la universidad, lo hacen con el temor que no podamos controlar la situación. “Siempre tuve miedo de mandar a esta niñita sola a una ciudad tan grande”, expresó Lucía Salas, mi madre.

Para que se entienda mejor que es lo que intento mostrar en este escrito, hay que dejar en claro ciertos aspectos.

Lo que los adultos, en especial los padres, creen que está pasando

Cuando un padre cumple su labor de educar con valores y criterios a su hijo, lo manda a la boca del lobo con la certeza que utilizará todo lo aprendido durante 15 años de vida, como es mi caso.

Cuando tus hijos están por fuera, no sabes que es lo que están haciendo; si están estudiando, comiendo o por el contrario están metidos en vicios y pasando hambre.

Es la segunda suposición, a la que más temen los adultos al momento de soltarlos a una vida en la que son las situaciones problemáticas las que encierran su nuevo círculo social.

En ese momento, es donde entran las oraciones poderosas de las madres con el escapulario en la mano rogando al cielo por la salud, protección y salvación de sus “bebés” que salen del nido antes de explorar los alrededores como debe ser.

Ellos salen solos, contra el mundo, acompañados del corazón de unos padres que esperan a su primogénito de vuelta, sano y salvo, lo más pronto posible.

Lo que el pueblo cree que sucede

Muchos jóvenes, por logros personales, son ejemplo a seguir para otros que quieren obtener metas.

Cuando ven tus frutos, metas propuestas y escalones alcanzados, creen que ha sido algo fácil, que no hay esfuerzos por tu tranquilidad sin notar cuanto te esforzaste para llegar a ello.

Las personas tienden a decir: “ya quiero estar en la universidad para hacer lo que yo quiera”. Somos jóvenes y creo que todos en algún momento de nuestras vidas por lo menos pensamos en esa frase una vez en nuestra adolescencia.

¿Cuál es el afán?  Si cuando estés en el mundo real, que ya has salido del pueblo, querrás volver a estar en la tranquilidad y sobre todo en la seguridad de tu hogar.

Lo que en verdad nos pasa

“tú no conoces la vida y crees que lo sabes todo”, la típica frase usada por la mayoría de adultos que quieren imponer su filosofía.

Hay diferentes tipos de personas y cada padre de familia debe estar seguro del ser humano que educó con tanto esfuerzo, sudor y hasta lágrimas.

Si hay algo que siempre he criticado a los adultos, es esa percepción que ellos tienen, que por ser jóvenes y por el hecho de no tener su “experiencia” y mucho menos su edad, no pasamos problemas, no sufrimos, no lloramos y nuestra vida en esta generación es color de rosa.

¡Están completamente equivocados!

Al momento de salir de casa y creernos los adultos expertos de la vida, pasamos por muchos sacrificios, problemas emocionales y económicos, depresiones, malas compañías, bajas calificaciones y un sin número de situaciones que afectan la interactividad normal del joven o adolescente con su futuro y metas a cumplir.

No estamos exentos de sufrir, de llorar y de pasar por escenarios que ningún padre quiere para su hijo; pero hay que caer para crecer.

Cuando sales a los 15 años, eres una niña. Yo era aquella niña, de pensamiento, de cuerpo y de corazón. Desconocía el mundo del  que tanto me hablaban, maduré a la fuerza, aprendí a los golpes y  estoy demostrando quién soy y para dónde voy.

Para finalizar, quiero enviarles un mensaje a los adolescentes que quieren apresurarse a salir de sus casas, a esos niños que quieren ser grandes y sobre todo, a ese bachiller que está a punto de culminar una etapa y empezar otra.

Te tocará duro, llorarás y reirás, te sentirás frustrado muchas veces, pero también serás feliz por cada meta que logres; es en ese momento, donde te digo que si te sientes mal, levanta la cara y recuerda tu propósito y el por qué estás aquí.

No salgas del bachillerato sin haber trazado una meta, que sabes que quieres cumplir por encima  de cualquier problema y cada vez que sientas que tu vida se derrumba, recuerda esa convicción con la que dijiste: “no me cansaré hasta lograr mis objetivos”.

Por último, Padres, por más que intenten que sus hijos no repitan sus errores, si los cometerán, tal vez no los mismos, pero errores en cantidades se verán en la vida de cada uno de nosotros, y eso no es malo. No es malo crecer. Todos necesitamos apoyo en la vida, y de las primeras personas que un adolescente lo espera, es de ustedes.

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