La Cuarta Via

La época de oro de Tito Ávila, el magangueleño que internacionalizó su voz, un merecido reconocimiento

Otro de los grandes caballeros de nuestra música colombiana, siendo el primer músico magangueleño que llegó al mundo del surco

En la Cuarta Vía

Tito Ávila fue un gran músico y compositor nacido en Magangué el 21 de enero de 1927 y fallecido el 1 de junio en 1988 en Bogotá.

El hijo de Juan Ávila Alvalle y Rosalina Leal Navas parte en plena adolescencia hacia Barranquilla, donde contrae nupcias con Ángela Ebratt a los veinte años de edad y donde aflora su bohemia vida musical, que lo unió al legendario José Benito Barros y después lo llevaría a escalas internacionales.

Del dúo con Benito Barros en Barranquilla, parte a formar sus propias agrupaciones, haciendo su camino al andar al lado de otras escuadras nacionales e internacionales (entre ellas Tito Ávila y sus Tropicanos, donde, junto a la cantante palmireña Lucy Figueroa, inmortalizan el disco “24 de diciembre”).

Su prolífica vida de musical y de empresario de artistas, se inicia en los años 50. Crea su agrupación Los Caribeños y graba “Antioqueñita” y “Arbolito de Navidad”, el que siempre florece los 24, logrando así su consagración musical en nuestro país. Junto a Crescencio Salcedo, con su “Año Viejo”, se convertirían en referentes obligados de la música decembrina en Colombia.

En un 78 rpm con Los Caribeños en 1953, grabó el éxito mundial “Las Golondrinas”, el mismo que un día interpretándolo en Medellín, le abrió las puertas internacionalmente cuando estando allí, el Trio La Rosa de Cuba lo invita a formar parte de ellos, y graban unas cinco canciones.

Todavía en su tierra nadie había pisado siquiera a un estudio de grabación, y menos recorrer escenarios internacionales. En 1956 llega a la Cuba sin Fidel, se encuentra otra vez con el Trio La Rosa, y graba con otros cubanos como el Trío Nodarse y con Evelio Rodríguez Plaza uno de los grandes de la música campesina.

Siguió su peregrinaje musical por más países como Estados Unidos, Puerto Rico, Guatemala, Costa Rica y México donde trabajó al lado del gran Agustín Lara, y parte de su vida en Venezuela.

En su presencia musical y discográfica aparece su nombre acompañando en algunas ocasiones a Olimpo Cárdenas y a Julio Jaramillo, con su agrupación Los Alegres del Vallenato grabando éxitos como “El aguacero”, “La totuma” y “El sancocho”. Pasó a formar parte de la agrupación de Bovea y sus Vallenatos, y grabó también con la Sonora del Caribe.

En su producción musical se encuentran versiones musicales que luego serían realizadas por otros artistas y que merecen reconocimiento y el detalle de las mismas, empezando por el tema “Arbolito de Navidad”, una de sus piezas musicales por excelencia que conservan vigencia. Tito Ávila graba con Víctor Soto y su Conjunto el tema “Mi Vallenata” digno de una tertulia, versión hecha en los sesenta con un conjunto vallenato de guitarra y acordeón, de autoría ni más ni menos que de Crescencio Salcedo, su contemporáneo en su tierra.

Ya hecho también empresario nacional de espectáculos musicales con artistas colombianos e internacionales, en 1974 se convierte en productor musical y crea su propia industria fonográfica en Bogotá, con el sello Ávila Musical Producciones.

A su tierra, Magangué, dedico muchas de sus canciones, entre ellas, “Cumbia de mi tierra” es una de ellas. Magangué tiene una deuda irreparable con este músico, pues en su tierra poco se escucha su nombre e injustamente parece que se ignora su existencia.

Fuente:

– Buelvas Yépez, Édgar. “Magangué del alma: Historias no contadas”. Red social “Magangué del alma”

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