La Cuarta Via

Lluvia ahoga a educación magangueleña

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS de Joaquín Romero Calle.

Los torrenciales aguaceros, que, con intensidad de cascadas desprendidas del espacio sideral, a lo mejor, repeticiones en réplicas diminutas, del llamado diluvio universal, bíblico, de comienzos de la humanidad, ahogaron por completo, a la educación magangueleña, por lo menos, en el sector de Versalles, en donde la Institución Educativa, en donde opera tal servicio público, se inundó, casi que enteramente, haciéndose imposible, el desarrollo de las tareas académicas habituales.

Esta circunstancia adversa de la anegación, deriva de lo vulnerable de la edificación, por falta de un adecuado andamiaje arquitectónico y oportuno mantenimiento, para hacer frente a los desmadres hídricos de la naturaleza aerea. La ausencia de una construcción idónea y adecuada, evidenciada en los problemas de circulación y drenaje del agua caída, constituyen las inconveniencias, que sumergen el normal desenvolvimiento de las actividades de la enseñanza, que debería impartirse, sin las zozobras señaladas.

Claro, que el asunto concerniente a las edificaciones educativas, no es exclusivo de ellas.  Afuera, en el entorno de éstas y más allá, en las distrancias prudenciales y conocidas dentro de la órbita territorial del perímetro urbano del municipio, se tiene que, también abundan, los contratiempos generados por esta misma causa, de las escorrentías de las aguas lluvias, convertidas en pluviales, por virtud de su contacto con la tierra. En Magangué, cuando llueve, abundan zonas que, pierden conectividad vial, entre sí, por los charcos callejeros. Estudiantes matriculados en la Comunal de Versalles, residentes en Costa Azul, no pudieron salir de sus casas. No asistieron a clases.

Costa Azul, típico tugurio alzado a orillas del residuo de la poza del sur, emergido a consecuencia de la construcción de uno de los tantos jarillones que encierran a Magangué, al mejor estilo del Corralito de Piedra de Cartagena, para secar espejos de agua, cuyos cieno o lodo blando, luego, se convierten, en suelos de invasión, en donde nacen y se reproducen, urbanizaciones de extrema pobreza. Ante la mirada indiferente, de las autoridades de todos los niveles, instituidas en el municipio.

La educación pública, ha sido un servicio, mal operado por la Nación. Le ha dado siempre, tratamiento de quinta, como dicen popularmente. Tiempo atrás, eran los atrasos en los pagos salariales y prestacionales. En simultánea, con las dificultades para el ingreso a la planta de personal, de aquellos que estudian, para desempeñarse como profesionales de la educación. Hoy, esto ha mejorado en lo salarial; el sistema general de participaciones, incidió grande y favorablemente, en la solución de ese enredo, causante de muchísimos conflictos laborales y sociales.

Actualmente, además, son las condiciones físicas de los lugares de trabajo, como las deficientes comentadas aquí, de la sede del Colegio Comunal del Barrio Versalles. Fallas estructurales, que año tras año, el cuerpo de educadores de ahí, denuncia. Igual aconteció, cuando llegó doña pandemia.

 Conflictos, que se mantienen vivos, atizados, por la dinámica participación política, de los gremios que aglutinan a los docentes. Al establecimiento, entiéndase, colectivo detentador del poder público, le desagrada sobremanera, que Fecode., no milite en política, en las organizaciones partidistas tradicionales, si no, en las nombradas como alternativas o progresistas.

Los líderes de la derecha autóctona, odian, por esta simple razón, a Fecode., y a todo lo que huela a educación pública. Cuando los profesores y profesoras, exigen excelencia funcional, en las dependencias locativas educativas, se crea malestar general, en la autoridad territorial responsable, de dicho servicio público esencial y derecho fundamental de la gente colombiana. Claro, que a Fecode, en muchas ocasiones, en lo suyo, también se le va la mano.

Ya escampó. Salió el sol y se secaron salones y caminos. Después de los “chaparronazos”, la educación resurge. Se retorna a la normalidad adquirida. Y todo, como si nada hubiese pasado. Y obvio, Alcalde Municipal, Secretario de Educación, Concejales, Diputados, Gobernador del Departamento de Bolívar y congresistas oriundos de aquí, ni cuenta se dieron.

La vida transcurre. Volverá a llover y volverá, la educación pública, a hundir, como los bañistas, en lo que está quedando de pozas.

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