La Cuarta Via

Magangué, una ciudad reinventada

En la Cuarta Vía

Por Bernardo Ramírez del Valle *

Desde su origen, Magangué ha sido una ciudad REINVENTADA. Esta sociológica afirmación, denota la capacidad de ADAPTACIÓN que ha tenido la ciudad a lo largo de sus más de 400 años de “fundada”, de sobreponerse a las adversidades geográficas y económicas y sobrevivir a ellas.

Bien lo dijo en sus “Elegías” el cronista colonial español, don Juan de Castellanos, que la posición geográfica envidiable de Magangué la llamaría “… a porvenir, sin el atajo/ de estar construida sobre plano bajo. Pero la sacará airosa de este empate/ la virtud del trabajo por remate”.

A diferencia de Mompós, ciudad “inventada” por los españoles para controlar la navegación por el rio Magdalena, Magangué fue hija de las circunstancias históricas, pero, ante todo, de su envidiable posición geográfica sobre el rio Cauca (hoy brazo de Loba del rio Magdalena), muy cercana a la desembocadura del rio San Jorge, las únicas vías por donde se accedían a las ricas minas de oro de Nechí, Zaragoza y noroccidente antioqueño, y las del alto San Jorge.

PRIMERA REINVENCIÓN

Como muchos otros pueblos indígenas fluviales del país, Magangué nació como punto de encuentro entre los distintos pueblos aborígenes de la depresión momposina y las sabanas de Bolívar, Sucre y Córdoba. Seguramente, en la zona más alta del territorio que hoy ocupa la ciudad, detrás del extinto caño Baracoa, debió formarse el primer caserío indígena, que los españoles llamaron inicialmente “Memangué” (por el nombre del cacique) y más tarde “Maganguey”. Muchos años después recibió el nombre de “Maganguelito”, hoy barrio Córdoba. Allí construyeron nuestros antepasados indígenas zenú-malibúes (pescadores, agricultores, alfareros, artesanos, comerciantes y mohanes) sus chozas de palma y bahareque.

A mediados del siglo XVI llegaron los españoles y comenzaron a establecer hatos ganaderos y estancias comerciales en cercanías de la desembocadura del rio San Jorge, por donde se accedía a las ricas tierras de los panzenúes, dando origen a los “pueblos de blancos” de El Retiro y Madrid. Magangué siguió siendo “pueblo de indios”.

Pero llegó a estas tierras, quizás a finales del siglo XVI (alrededor de 1580), un colonizador español llamado Diego de Carvajal, en su condición de alcalde de Tolú y mercader de indios y negros para la boga, y estableció en cercanías de Maganguey un pueblo para su negocio de trata de personas. Por estar prohibido convivir con los indígenas, Carvajal optó por “fundar” un “pueblo de libres” en un morro o “eminencia” ubicado en la zona sur de la isla Baracoa, actual plaza de La Candelaria, a orillas del Cauca. Le llamó “Baracoa de Maganguey”. Este se convertiría en el principal centro de operaciones comerciales del rio Cauca para el abastecimiento de menajes de las flotas de champanes que subían y bajaban con pasajeros y cargas entre los puertos mineros del sur y la ciudad colonial de Mompós.

De esta forma, se consuma la primera “reinvención” de Magangué.

SEGUNDA REINVENCIÓN

Poco a poco, el “pueblo de libres” Baracoa de Maganguey, fue prosperando, en medio de los desastres que producían los “barrejobos” del rio Cauca. Muy poco se sabe de su historia durante el siglo XVII (años 1.600). Lo que se sabe es que a mediados del siglo XVIII tenía templo católico y había desbancado a Retiro como cabecera del Partido del Cauca.

A la llegada del “refundador de pueblos”, don Antonio de la Torre y Miranda, en 1776, Baracoa de Maganguey era un próspero pueblo de libres, mientras que del pueblo de indios Maganguey muy poco quedaba. De la Torre terminó recogiendo la escasa población indígena y la reubicó en Yatí, repartiendo las tierras del otro lado del caño entre blancos y mestizos. Hecho esto, refundó la ciudad con el nombre de  “Nuestra Señora de la Candelaria de Magangué”.

He aquí la segunda “reinvención” de Magangué.

TERCERA REINVENCIÓN

A partir de la “refundación” de Antonio de la Torre, la ciudad inicia un proceso ascendente de prosperidad urbana y económica. Durante el siglo XIX se convierte en el centro de comercio fluvial más importante de Colombia, donde se celebraban varias veces al año renombradas ferias comerciales, que las acaba la Guerra de los Mil Días.

En el siglo XX la ciudad coge un segundo aire como consecuencia de la bonanza que produce la siembra de la caña de azúcar en la región de La Mojana, y el comercio ganadero entre las sabanas de Sucre y Córdoba y el interior del país, especialmente Antioquia, que se hacía por los puertos de Yatí y Retiro. La navegación a vapor también contribuyó a impulsar el desarrollo de Magangué. Juntas, estas bonanzas hicieron posible que la ciudad se transformara; que se reemplazaran sus construcciones de palma y bahareque y las de cal y canto y tejas de barro, por las de cemento y aparecieran las edificaciones que actualmente se encuentran emplazadas sobre la calle del Comercio o de La Albarrada y en el centro histórico de la ciudad.

No obstante, la construcción de vías carreteras, especialmente de la Troncal de Occidente, que comunica la Costa con Medellín, genera la crisis de la navegación a vapor y le propinan un duro golpe a la economía de la ciudad.

CUARTA REINVENCIÓN

En los años 70 del siglo XX, Magangué vuelve a reinventarse, asimismo, al tomar un cuarto aire como consecuencia de las bonanzas de los cultivos del arroz, algodón y de sorgo. La Mojana, la Isla de Mompós y las Lobas siguen aisladas por tierra del resto del país y su única salida es por el ramal de la troncal de occidente entre Magangué y El Bongo.

Fue la época del IRIS, de la Cacharrería Medellín, de FEDEARROZ, de FEDERALGODÓN, CENALGODON, de FEDEGÁN y de tantos y tantos gremios que conformaron agricultores, ganaderos, pescadores, agroindustriales, comerciantes. También la época de la bonanza marimbera, que benefició a muchas familias magangueleñas, de abajo y de arriba, pues la marihuana era traída a Magangue desde los sures del Caribe y desde aquí era despachada por tierra y por aire hacia múltiples destinos nacionales e internacionales.

A finales de los años 80 y comienzos de los 90, llegaron los gobiernos liberales de los presidentes BARCO y GAVIRIA, que implementaron la famosa APERTURA ECONÓMICA, que da al traste con las actividades del campo. Magangué es fuertemente castigada en su economía.

De remate, en los años 90, comenzaron a construirse vías transversales que conectaron las dos grandes troncales carreteras del país: la occidental (hoy Ruta de Las Américas) con la oriental (hoy Ruta del Sol). Se construye el tramo Cicuco (Bolívar) y El Burro (Pailitas/Cesar) de la llamada Transversal de la Depresión Momposina, y se inicia la Transversal de La Mojana. Asimismo, se construyen las transversales de El Banco – Cuatro Vientos, La Gloria (Cesar) – La Mata y Aguachica – Gamarra (Cesar).

Estas vías le quitaron gran parte del protagonismo comercial a Magangué, que pasó a ser compartido con Mompós, El Banco (Magdalena), San Marcos (Sucre) y Aguachica (Cesar). Por cuenta de ellas, parte del comercio con la isla de Mompós y el sur del Magdalena se fue a los mercados de Valledupar y los Santanderes, igual que el de las Lobas, y La Mojana se nos fue hacia los mercados de Montería y Sincelejo.

Estas nuevas circunstancias, hacen que la economía de Magangué experimente, otra vez, una grave crisis recesiva, en la que se encuentra.

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*Secretario Académico. Centro de Historia Villa de Magangué

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