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No hemos salido del Covid y ya nos asustan con otra posible pandemia, la atención puesta en el virus llamado Nipah

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Mientras el mundo sigue sumergido en una segunda ola del coronavirus, científicos ya tienen en la mira una nueva amenaza. Se trata de un virus que no es nuevo, pues ya se han detectado casos desde 1998 en Malasia, pero sus brotes todavía son controlados.

Supaporn Wacharapluesadee, directora del Centro de Ciencias de la Salud y Enfermedades Infecciosas Emergentes de la Cruz Roja Tailandesa en Bangkok, se centra en el virus llamado Nipah. “Supone una gran preocupación porque no hay tratamiento y este virus tiene una alta tasa de mortalidad”, dijo la científica para la BBC.

 Wacharapluesadee explicó que el virus está entre los 10 primeros virus que, según la OMS, podrían causar una emergencia de salud pública. La tasa de mortalidad de este virus está entre el 40 y el 75 por ciento, en función de dónde se produzca el brote. El Nipah tiene un largo período de incubación, puede llegar hasta los 45 días, lo que significa que hay muchas posibilidades de que un animal o persona infectada, sin saber que está enferma, propague el virus. Además, puede infectar a una amplia gama de animales y se puede contagiar por contacto directo o consumiendo alimentos contaminados.

Los murciélagos que comen fruta son su huésped natural. “Supone una gran preocupación porque no hay tratamiento y este virus tiene una alta tasa de mortalidad”, dice Wacharapluesadee.

Cambiando el mundo

Evitar los murciélagos podría haber sido fácil años atrás, pero a medida que la población humana se expande, cambiando el planeta y destruyendo hábitats silvestres para satisfacer la creciente demanda de recursos, esto aumenta la propagación de enfermedades.

“La propagación de estos patógenos [zoonóticos] y el riesgo de transmisión se aceleran con los cambios en el uso de la tierra como la deforestación, la urbanización y la intensificación agrícola”, escriben los autores Rebekah J. White y Orly Razgour en un informe de 2020 de la Universidad de Exeter sobre enfermedades zoonóticas emergentes.

El 60% de la población mundial ya vive en las regiones de Asia y el Pacífico, y todavía se está produciendo una rápida urbanización.

Según el Banco Mundial, casi 200 millones de personas se trasladaron a áreas urbanas en Asia Oriental entre los años 2000 y 2010.

El Nipah en el pasado

La destrucción de los hábitats de los murciélagos ha causado infecciones por Nipah en el pasado.

En 1998, un brote del virus Nipah en Malasia mató a más de 100 personas.

Los investigadores concluyeron que los incendios forestales y la sequía local habían desalojado a los murciélagos de su hábitat natural y los habían obligado a buscar árboles frutales cultivados en las mismas granjas que los cerdos.

Bajo estrés, se ha demostrado que los murciélagos esparcen más virus.

La combinación de verse obligados a reubicarse y estar en estrecho contacto con una especie con la que normalmente no interactuarían permitió que el virus pasara de los murciélagos a los cerdos y luego a los granjeros.

Además, aunque Asia alberga casi el 15% de los bosques tropicales del mundo, pero la región también es un foco de deforestación.

El continente se encuentra entre los primeros del mundo en pérdida de biodiversidad.

Gran parte de esto se debe a la destrucción de bosques en plantaciones para productos como el aceite de palma, pero también a la creación de áreas residenciales y espacio para el ganado.

Los murciélagos que comen fruta tienden a vivir en regiones boscosas espesas con muchos árboles frutales de los que alimentarse.

Refugios alternativos

Cuando su hábitat es destruido o dañado, encuentran nuevas soluciones, como el gallinero de una casa o las torres con grietas de Angkor Wat.

“La destrucción del hábitat de los murciélagos y la interferencia de los humanos a través de la caza impulsa a los zorros voladores a buscar refugios alternativos”, dice Duong.

Es probable que los murciélagos que el equipo de Duong ha monitoreado viajando hasta 100 kilómetros por noche en busca de fruta lo estén haciendo porque su hábitat natural ya no existe.

Pero los murciélagos, hemos sabido recientemente, albergan una serie de enfermedades desagradables: Nipah y covid-19, pero también ébola y SARS.

¿Deberíamos simplemente erradicar los murciélagos?

No, a menos que queramos empeorar las cosas, dice Tracey Goldstein, directora de instituto del Laboratorio del One Health Institute y directora de laboratorio del Proyecto Predict.

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