La Cuarta Via

Reforma a la salud: Más sobre la improvisación . II.

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS. De Joaquín Romero Calle.


En la nota de ayer, nos referimos en concreto a la improvisación, con la cual, se hizo montaje especifico, del sistema general de seguridad social en salud, dentro de otro concepto macro, llamado sistema general de seguridad social; esto, legislativamente es, ley 100 de 1.993.

Fuimos generosos, al admitir, como cierta, la tesis de la revolución de la universalización de la prestación de dicho servicio. La aceptamos, porque muy a pesar de las fallas evidentes del arranque, en ese momento, era un gran cambio. Se estaba anunciando, que todo el mundo, tendría protección o salud asegurada, aunque, en la práctica, no era cierto, lo de todo el mundo, o sea, universalización perfecta. De todos modos, sí se ampliaba la cobertura del servicio.

Antes de la expedición de la ley 100, la salud, sólo estaba garantizada, con simpleza, para quienes contaban con capacidad de pago, para buscar asistencia médica, quirúrgica, formulación y suministro de medicamentes, en alguna de las tantas clínicas particulares, que operaban en el territorio colombiano. Y para los trabajadores formales, públicos o privados. Sólo para éstos. No se extendía el servicio o amparo, a esposa, hijos u otros familiares. Salvo contadas excepciones, logradas mediante convenciones colectivas de trabajo.

Y dentro de ese panorama escaso de cubrimiento del servicio, únicamente, el Instituto de los Seguros Sociales, por imperativo de ley, ofrecía aseguramiento en salud, para el grupo familiar. Aparte, de conquistas laborales puntuales, sobre dicho particular, consignadas, repetimos, en convenciones colectivas de trabajo; ejemplo, la Estatal Telecom. Luego, de entrada, el sistema, venía cojo. No era panacea, como ahora, muchos exteriorizan, creerlo.

El nuevo sistema, entrañaba un vuelco, pero tibio. No muy ardiente, en materia de eficacia y eficiencia, en la prevención, diagnóstico, pronóstico y tratamientos terapeúticos. En cuanto a servicios. Peor, en cuanto a cubrimiento, muy a pesar de la tal universalidad o masificación de la atención en salud. Peor, porque el sistema llegó, con una tridivisión clasista: régimen contributivo; régimen subsidiado y vinculados.

En el primer grupo, se alineaban exclusivamente y aún hoy, los trabajadores o empleados formales del Estado o de las empresas privadas. También, los trabajadores independientes, que, por su relación con la economía formal, a través del empresariado legalizado, están en el deber de afiliarse al sistema, en el régimen contributivo. Sin embargo, a pesar de ser pago, aquí, no todo era dicha. Había un POS., restringido: Había una contraposición: un NO POS. O sea, exclusiones.

En el subsidiado, se tenía a los pobres con imposibilidad de pago, de quienes, el Estado, a través de la subvención, asumía y asume, todavía, los costos del servicio para este segmento poblacional. Esto, en sí mismo, era una transformación. Y lo resaltamos en nota anterior: Crecimiento de la demanda, con la misma oferta de dotación instalada. Las mismas clínicas privadas, que sólo atendían ricos. Mismos hospitales públicos, con todas sus cargas negativas de negligencias, deficiencias y escaso talento humano en salud.

Para este englobe de clasificación para salud, la ley, dispuso también, un POS. -plan obligatorio de salud- distinto y de menor alcance o envergadura, que el del régimen contributivo. Si en este contributivo, había discriminación para enfermedades, medicamentos y procedimientos, en el POS., subsidiado, estas omisiones, se aumentaban, en un 30%.

Los vinculados, eran aquellos, que no pertenecían a ninguno de los dos regímenes. O sea, que no estaban afiliados al sistema. No registraban, a través de EPS., alguna. Por consiguiente, eran extraños, al sistema. No tenían derecho alguno, para su salud. Solamente, el de morirse.

La oposición tóxica y hasta enfermiza, que se le hace a Gustavo Petro, sale a gritar a los cuatro vientos, las bondades del sistema de salud colombiano. Uno de los mejores del mundo, vociferan. En realidad, lo que inició, fue un esperpento, con algún filón reconocible, en lo atinente a la universalidad: inclusión de población a través del régimen subsidiado.

Ese esperpento, ha sido, grandemente mejorado, gracias a la justicia constitucional. Son los innumerables fallos en acciones de tutela, los que han forzado, primero, a que la salud, tenga categoría de derecho fundamental, que no tenía. Esas decisiones de la justicia, bastantes vidas que han salvado. La constitución de 1.991, pecó con ese olvido y descategorización automática. Igualmente, la eliminación del NO POS., y la diferenciación con un POS., subsidiado.

Confirma todo lo que aquí, a manera de ilustración crítica, hemos expuesto, es la sentencia T – 760 del 2.008, en dónde, desde la majestad constitucional, la Corte ídem, interviene, a la salud, para que, de verdad, sea instrumento de beneficio para las personas individualmente consideradas y obviamente, en lo social, como finalidad del Estado Social de Derecho que es Colombia.

Por todo lo anterior, doctora Carolina Corcho Mejía, ojo, con el berenjenal, en el que se va a meter.

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