La Cuarta Via

Sinsabores burocráticos para Benedetti y Sarabia

En la Cuarta Vía

POLITICAZOS. De Joaquín Romero Calle

Cuando el escándalo de Nicolás Petro, creemos, fuimos nosotros, de los primeros, en salir a aclarar y a defender al Presidente Gustavo Petro y a su gobierno. Tajantemente lo advertimos, la entrevista de la ex nuera, no involucraba al jefe del Estado. Y ahí, centramos nuestro respaldo al primer mandatario. El tiempo, nos está dando la razón. El problema de Nicolás Petro, en exclusiva, es de él, con la justicia y punto. La gran prensa, se quedó con las ganas, de ver enredado a Petro Presidente, con el supuesto billete “narco” recolectado por Nico.

Esa misma gran prensa, con igual saña, ha salido ahora, a destacar con aquel mismo desenfreno, una probable conducta irregular de funcionaria de altísima jerarquía y muy allegada a la Presidencia de la República y a la persona del gobernante. Primero, el trance que vive Laura Sarabia, es de estricta factura personal y familiar de ella. No es asunto de gobierno, como contrariamente, están pretendiendo que se crea, por parte de los medios que voceran al gran capital, enemigo declarado del Cambio.

Con ineptas demandas, se abrió el camino para la nulidad de la elección del Contralor General de la República. La gran prensa, salió a celebrar la decisión de la Sección Quinta del Consejo de Estado, afirmando, que éste, defiende la institucionalidad, al evitar que haya Contralor de bolsillo, del Presidente de la República. La sentencia o decisión judicial, es institucional. Claro que sí. Y se acepta y se cumple. Pero eso no quiere decir, que es perfecta. Con seguridad, que mucha gente con conocimiento de leyes, la valora con bajísima calificación conceptual.

La Jefe de Gabinete, de la Presidencia de la República, está cogida en faltas. Disciplinaria y penal. Pero es evidente, sin necesidad de mayores elucubraciones, que las circunstancias morales de los hechos que la asfixian, son de incumbencia única, suya. Al parecer, utilizó, malamente, poder o influencias que dimanan de su cargo público, para tratar tema de su restringida órbita personal. Los relatos de los hechos, que han trascendido a la opinión, no se vislumbra en ellos, actuación de gobierno ni del Presidente. Sin embargo, el bullicio mediático, tiende a que la gente, piense, en que de eso se trata: chuzadas por orden presidencial, desde el gobierno nacional.

Laura Sarabia, a pesar de su estrecha cercanía funcional con el Presidente, no pertenece al Gobierno. Gobierno, es el Presidente de la República, con el respectivo Ministro competente, de la materia de que se trate. Obvio, que una orden ilegal, para interceptar teléfono o cualquier otro canal de comunicación interpersonal, jamás, será oficializada, mediante una orden, autorización o expresión formal de autoridad. Y no se vé, en lo que se conoce, que Petro ni el Gobierno, tengan que ver con las supuestas pruebas torcidas, emergidas en este espinoso insuceso de entorno familiar de aquella.

Está bien, que la gran prensa, denuncie fundadamente, todo lo que encuentre mal hecho, en el gobierno nacional. Pero muy mal, que aún, en contra de la ética periodística, se quiera embarrar -contrariando la verdad- al Presidente o a su gobierno; mostrando, como lo hacen, de que su misión, no es la de informar, es la de tumbar al Presidente.

Finalmente, Laura, cayó en desgracia. Ella solita, malogró su permanencia en el cargo. Lo que le toca: irse. Ahora, cuando aún tiene intacta, en el escenario sancionatorio, su presunción de inocencia. Que no espere la suspensión provisional que le suelte, la Procuraduría, ni la imputación, que con tamaño “buldocerado” o gigantesco, le soltará la Fiscalía General.

En este instante de cierre, El Reporte Coronell, de la W., da por cierto, que Armando Benedetti y Laura Sarabia, no serán más de la nómina Estatal. Que Petro, en la medianoche que pasó y un tanto “emputao”, manifestó el “chau plural” para dicho par burocrático. Adiós que no debieron esperar. Benedetti, apareció repentinamente, en el maremágnum del remolino oscuro gestado por Laura. Y se lo llevó la corriente.

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