La Cuarta Via

Ya nada nos debe sorprender

En la Cuarta Vía

Por: J. J. Rubiano Desde la Orilla del Mar

Y es una gran verdad. Con todas las noticias que conocemos a diario en nuestro país- lamentablemente todas en las que de una u otra manera esta inmerso el gobierno del presidente Duque o integrantes del Centro Democrático- ya a los colombianos nada nos sorprende, talvez será porque lo que antes se veía como un acto contra la moral, la ética o de corrupción, hoy simplemente es el pan nuestro de cada día.

Por ejemplo, en cualquier país del mundo que se precie de ser una Estado de Derecho en donde prevalece la democracia, las declaraciones de la prófuga ex senadora Aida Merlano hubiese generado un efecto inmediato de investigación inmediata por parte del poder judicial, aquí no y así lo hizo saber de manera inmediata el recién elegido y posesionado Fiscal general.

Y no porque estemos diciendo que la Merlano este diciendo la verdad en su totalidad, teniendo en cuanta que lo dicho por ella es un secreto a voces y una práctica casi que normal en nuestro sistema electoral. Lo cierto -y es ahí en donde de oficio se debió aperturar investigación inmediata por parte del ente judicial- es que en las declaraciones haya elementos nuevos y personas que no se creían estaban involucradas en este hecho de corrupción al elector. Una verdadera mafia, sin lugar a dudas.

Pero fíjense que lo que no hizo la fiscalía, si lo hizo la Corte Suprema.

Para el colombiano de a pie, la actitud pasiva del ente investigador es visto más bien como una acción, al parecer de “encubrimiento”, teniendo en cuenta que no son cualquiera los personajes y familias involucradas en estos hechos.

Y que nos digan que sí están actuando pues pidieron ya la extradición a Guiado, -el presidente que no es presidente- es una verdadera afrenta contra la inteligencia de los connacionales.

Ahora bien, ¿qué puede uno pensar luego que las autoridades encontraran un laboratorio de Cocaína en una finca propiedad del hoy embajador del gobierno en el Uruguay, Fernando Sanclemente, que según la misma policía podría producir más de mil quinientos kilos de cocas y que ni siquiera el gobierno la haya llamado a consultas por ser este un hecho tan delicado?

Hoy son muchos los interrogantes que los colombianos de a pie se hacen ante este hecho, como, por ejemplo; ¿por qué si se comprobó la existencia de un laboratorio de estupefacientes no se le ha aplicado la extinción de dominio como lo establece la Ley 1708 de 2014? ¿Cómo es posible que el embajador desconozca su existencia, cuando el laboratorio estaba ubicado a solo trecientos metros de la casa principal?

¿Qué secretos del gobierno guarda el embajador Sanclemente que es inamovible? ¿Cómo es posible que a menos de una hora de Bogotá existan laboratorio de estupefacientes sin que las autoridades se hubiesen dado cuenta y por donde pasaban las toneladas de químicos que se requieren para su elaboración, sin que nadie se diera cuenta?

Pero no solo son estos casos en donde debería aplicarse la ley, pero no se hace por ser cuotas del partido de gobierno. También están los casos del director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos y la sub directora de Migración Colombia, cuotas del CD, destituidos la semana anterior por “posibles” hechos de corrupción en sus cargos o también en nombramiento de un cónsul, solo por el hecho de ser “fanática” defensora del Uribismo pero sin mérito alguno para ocupar el cargo.

Todos estos hechos lo llevan a uno a pensar que ser amigo del partido de gobierno y hacer parte de sus filas -“al parecer”– es obtener una licencia para violar de manera flagrante la Ley, con plena seguridad que no pasara nada.

Esa es una verdad que hoy lamentablemente no podemos ocultar.

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